La llanura de Dura era un descampado en la provincia de Babilonia, en el imperio de Nabucodonosor. Su ubicación exacta es incierta: los estudiosos la sitúan cerca de Babilonia, posiblemente junto a las murallas de la ciudad o en un área cercana identificada hoy como Tulul Dura.
Fue allí donde Nabucodonosor mandó levantar una estatua de oro de sesenta codos de altura, casi treinta metros, y convocó a todas las autoridades del imperio para adorarla al son de instrumentos musicales.
Tres jóvenes judíos exiliados, Sadrac, Mesac y Abed Nego, se negaron a postrarse ante la imagen, incluso bajo amenaza de muerte en el horno en llamas. Dios los libró del fuego, y el propio rey reconoció el poder del Dios de Israel ante toda la corte.
La llanura de Dura muestra que la fidelidad a Dios puede ser exigida en la plaza pública, bajo presión política y social. Y que Dios es capaz de librar a quien confía en él, incluso cuando la respuesta correcta parece llevar a la muerte.
