Siquem fue una de las ciudades más importantes de la historia bíblica incluso antes de la entrada de Israel en Canaán. Se encontraba en un valle estrecho entre los montes Ebal y Gerizim, en un punto de paso natural en la región que después se convertiría en territorio de Efraín.
Fue allí donde Dios se apareció por primera vez a Abram en Canaán y le prometió la tierra a su descendencia. Años después, Jacob también pasó por Siquem, compró terreno y levantó un altar.
La ciudad guarda momentos de gran alegría y de dolor profundo en la historia del pueblo de Dios. Allí Dina fue violada, y sus hermanos se vengaron con violencia sobre toda la ciudad. Allí también José fue enviado a buscar a sus hermanos, viaje que terminaría en la esclavitud en Egipto.
Siquem fue el lugar de la renovación de la alianza bajo Josué, cuando el pueblo declaró públicamente que serviría al Señor. Allí también fueron sepultados los huesos de José, cerrando la larga jornada que había comenzado en Canaán.
Más tarde, la ciudad fue testigo de la ambición de Abimelec, que se hizo rey por la fuerza y después la destruyó, y vio a Roboán perder la mitad del reino de Israel justamente en su plaza.
La historia de Siquem muestra que un mismo lugar puede ser testigo de promesas divinas y de fracasos humanos, sin que la fidelidad de Dios deje de prevalecer.
