El río Jordán nace en las laderas del monte Hermón, al norte, y desciende cerca de 250 kilómetros hasta desembocar en el Mar Muerto, el punto más bajo de la superficie de la tierra.
Atraviesa el Mar de Galilea y forma el eje central de la geografía de Tierra Santa, separando a las tribus que se establecieron al oriente de las que quedaron al occidente.
En la Biblia, el Jordán es escenario de travesías decisivas. Fue la última barrera que el pueblo de Israel cruzó, guiado por Josué, para entrar en la tierra prometida después de cuarenta años en el desierto.
Sus aguas también fueron testigos de la curación del general Naamán y del paso de Elías y Eliseo entre este mundo y el siguiente.
En el Nuevo Testamento, el Jordán cobra un peso aún mayor. Allí Juan el Bautista predicaba el arrepentimiento, y allí Jesús fue bautizado, recibiendo públicamente la aprobación del Padre antes de iniciar su ministerio.
Más que un accidente geográfico, el Jordán atraviesa toda la Biblia como símbolo de travesía, purificación y nuevo comienzo.
