Hay personas que nacen para preparar el camino de otra y pasan la vida conscientes de que el escenario no les pertenece. Es incómodo imaginarlo: vivir con el propósito de que otro, que vendrá después, tenga éxito. Juan el Bautista recibió exactamente ese llamado, y lo aceptó sin disputar el protagonismo.
Sus padres, Zacarías y Elisabet, eran ancianos y nunca habían tenido hijos. Un ángel anunció al sacerdote Zacarías, dentro del templo, que tendría un hijo lleno del Espíritu Santo desde el vientre (Lucas 1:11-15). La duda de Zacarías lo dejó mudo hasta el nacimiento del niño, cuando recuperó la voz para profetizar sobre el papel de su hijo (Lucas 1:64-79).
Juan creció y, ya adulto, reapareció predicando el arrepentimiento a orillas del río Jordán, vestido con piel de camello, comiendo langostas y miel silvestre (Mateo 3:4). Las multitudes bajaban hasta él para ser bautizadas, confesando sus pecados, mientras él anunciaba que el reino de los cielos estaba cerca (Mateo 3:1-6).
Cuando Jesús llegó al Jordán para ser bautizado, Juan dudó, sintiéndose pequeño ante él (Mateo 3:14). Aun así obedeció, vio al Espíritu descender como paloma y oyó la voz del Padre confirmando al Hijo (Mateo 3:16-17). Desde entonces, Juan siempre apuntaba a Jesús, nunca a sí mismo.
A medida que los discípulos de Jesús crecían y los suyos disminuían, Juan resumió su misión en una sola frase: era necesario que Jesús creciera, y que él disminuyera (Juan 3:30). Preso después de confrontar a Herodes Antipas por su matrimonio ilícito, llegó a mandar preguntar a Jesús, desde su propia celda, si él era realmente el Cristo (Mateo 11:2-3). Fue decapitado a pedido de Herodías, por orden de Herodes (Marcos 6:21-28).
La vida de Juan el Bautista recuerda que Dios también llama a personas para el segundo lugar, y que ese lugar puede ser el más importante de todos. Él no murió tratando de ser más que un precursor, murió fiel al papel que había recibido. Quien hoy sirve sin reflectores, preparando el camino para que otros conozcan a Jesús, está en la misma vocación.