Ramá se encontraba en la región montañosa de Benjamín, a pocos kilómetros al norte de Jerusalén, en un camino que unía la capital con el norte de Israel. Su nombre, que significa altura, reflejaba la posición elevada de la ciudad.
Allí nació, vivió y murió el profeta Samuel, el último juez de Israel. Algunos estudiosos identifican su lugar de nacimiento, la Ramataim de Zofim de 1 Samuel 1:1, con un sitio vecino, y no exactamente con esta Ramá.
Fue en Ramá donde Samuel juzgaba al pueblo, construyó un altar al Señor y recibió a las autoridades de Israel cuando pidieron un rey. Allí también David se refugió huyendo de Saúl.
Siglos después, Ramá se convirtió en marca de frontera entre los reinos rivales de Israel y Judá: un rey la fortificó, otro la desmanteló. Al final del reino de Judá, fue el punto de reunión de los exiliados llevados a Babilonia.
El profeta Jeremías asoció el nombre de Ramá con un llanto profético, el lamento de Raquel por sus hijos perdidos. Siglos después, el evangelista Mateo citó esa imagen para describir el dolor de Belén ante la matanza de los inocentes.
