Sarepta era una pequeña ciudad fenicia junto al mar, entre Tiro y Sidón. En la Biblia, aparece principalmente como el lugar donde Dios envió al profeta Elías durante una gran sequía en Israel.
Allí, una viuda pobre y extranjera recibió al profeta, y Dios multiplicó la poca harina y el poco aceite que ella tenía. Después, cuando el hijo de ella murió, Elías oró y el niño volvió a vivir.
Siglos después, Jesús citó ese episodio en una sinagoga en Nazaret, recordando que Elías fue enviado a una viuda extranjera, y no a ninguna viuda de Israel. El caso se convirtió en una señal antigua de que la gracia de Dios alcanza también a los que están fuera del pueblo del pacto.
