John Foxe nació en 1516, en Boston, Inglaterra, en una época en que leer la Biblia en inglés podía costar la vida. Niño estudioso, prefería los libros a los juegos y pronto reveló el temperamento de quien llevaría la fe en serio por el resto de su vida.
A los dieciséis años ingresó en la Universidad de Oxford, donde se convirtió en fellow del Magdalen College. En 1545 renunció al cargo después de abrazar convicciones protestantes incompatibles con las exigencias de la institución, entre ellas el celibato clerical.
Se casó con Agnes Randall en 1547 y pasó a vivir en Londres como preceptor y traductor. Cuando la reina católica María I subió al trono en 1553, Foxe tuvo que huir de Inglaterra con su esposa embarazada, temiendo la prisión.
En el exilio, entre Estrasburgo, Fráncfort y Basilea, vivió años de pobreza extrema mientras reunía relatos de persecuciones contra los evangélicos. Allí publicó, en latín, el primer esbozo de la obra que se convertiría en su legado.
De vuelta en Inglaterra tras la muerte de María I, publicó en 1563 la primera edición inglesa de Actas y Monumentos, conocida como El Libro de los Mártires. La obra, de casi 1800 páginas, narraba con detalles documentales las persecuciones sufridas por los evangélicos ingleses.
Foxe escribió como defensor de una causa, no como historiador neutral, y seleccionó los documentos para reforzar la narrativa protestante. Estudiosos posteriores señalaron errores, exageraciones y omisiones en el relato, aunque investigaciones modernas confirman que gran parte de la documentación es genuina.
Ordenado sacerdote en 1560, rechazó cargos y ofertas de ascenso en la iglesia por escrúpulos de conciencia ligados a sus convicciones puritanas, viviendo con modestia incluso después del éxito de la obra.
A pesar de su tono duro contra la persecución religiosa, Foxe también se compadeció de quienes discrepaban de él. En 1572 intercedió ante la reina y visitó personalmente a anabaptistas condenados a la hoguera, pidiendo clemencia, pero no logró evitar la ejecución de dos de ellos.
Murió en 1587, pero Actas y Monumentos siguió siendo leído durante siglos, moldeando la memoria protestante sobre el sufrimiento y la fidelidad. Todavía hoy inspira a quienes documentan y sostienen a los cristianos perseguidos alrededor del mundo.