Un joven de coro en una iglesia metodista de Pensilvania difícilmente imaginaría que su voz se convertiría en la banda sonora de uno de los mayores avivamientos urbanos del siglo XIX. Ira David Sankey nació el 28 de agosto de 1840 en Edinburg, Pensilvania, hijo de un banquero y predicador laico metodista.
Siendo aún joven, sirvió en el ejército de la Unión durante la Guerra Civil estadounidense, entre 1861 y 1863, manteniendo cultos y organizando coros incluso en medio del conflicto. De vuelta en Pensilvania, se convirtió en superintendente de escuela dominical y director de coro en New Castle, además de funcionario de la hacienda federal junto a su padre.
En 1870, en una convención de la Asociación Cristiana de Jóvenes en Indianápolis, cantó el himno “There Is a Fountain Filled with Blood” y llamó la atención del predicador Dwight L. Moody. Moody lo invitó a dejar el cargo público y servir con él en Chicago, diciéndole que lo había estado buscando desde hacía ocho años.
A partir de 1871, Sankey se convirtió en el cantante oficial de las cruzadas de Moody, uniendo predicación y música de una manera entonces poco común en las iglesias urbanas. En las campañas por Gran Bretaña, entre 1873 y 1875, y después por Estados Unidos, Canadá y México, su voz y su órgano portátil se convirtieron en parte esencial del culto de masas.
Sankey compiló y editó colecciones como Sacred Songs and Solos y Gospel Hymns, que vendieron decenas de millones de ejemplares y difundieron himnos de autores como Fanny Crosby y Philip Bliss. Compuso también melodías propias, entre ellas “The Ninety and Nine”, nacida de un poema que encontró por casualidad en un periódico, en un tren en Escocia.
No todo en su ministerio resiste sin reparos la mirada de hoy: en campañas por el sur de Estados Unidos, los cultos seguían la segregación racial entonces vigente, con asientos y coros separados para negros y blancos, y el propio Sankey llegó a registrar que el coro negro era puesto a cantar solo, a veces solo para mostrarles a los blancos cómo se cantaba. El esfuerzo vocal constante también cobró su precio, forzando pausas en las giras de 1881, 1891 y 1893.
En sus últimos años, ya sin la compañía de Moody, fallecido en 1899, Sankey perdió la vista por glaucoma en 1903 y vivió ciego hasta el final. Escribió sus memorias, My Life and Sacred Songs, publicadas en 1906, y falleció el 13 de agosto de 1908 en Brooklyn, Nueva York.
El legado de Sankey trascendió su propia voz: consolidó el modelo de intercalar canto y predicación, práctica hoy común en iglesias y cruzadas alrededor del mundo. Su ejemplo muestra que la música, usada con humildad, puede preparar corazones incluso antes de la primera palabra del sermón.