Siclag era una ciudad en el extremo sur de Canaán, en la frontera entre el territorio de Judá y la tierra de los filisteos.
La Biblia la incluye entre las ciudades dadas a la tribu de Simeón, dentro de la herencia de Judá, aunque durante mucho tiempo permaneció bajo control filisteo.
Fue allí donde David vivió durante cerca de un año y cuatro meses, cuando huía de la persecución del rey Saúl, y recibió la ciudad como regalo del rey filisteo Aquis, de Gat.
Siclag guarda uno de los episodios más dramáticos de la vida de David: mientras él y sus soldados estaban fuera, los amalecitas atacaron la ciudad, quemaron todo y se llevaron a las familias como prisioneras.
Fue allí, en medio del dolor y la rebeldía de sus propios hombres, que David se fortaleció en el Señor, antes de salir en persecución y recuperar todo lo que había sido tomado.
Fue también en Siclag donde David recibió la noticia de la muerte de Saúl y Jonatán, momento que marcó el giro hacia su reinado sobre Israel.
Siglos después, la ciudad volvió a ser habitada por judíos que regresaron del exilio babilónico.
Siclag recuerda que Dios puede transformar un lugar de refugio y derrota en un punto de cambio, y que la fe puede fortalecerse justamente en la hora de mayor angustia.
