Las llanuras de Moab eran la franja baja y fértil al este del río Jordán, frente a Jericó, en el territorio del antiguo reino de Moab. Allí Israel armó su último campamento antes de cruzar el Jordán y entrar en la tierra prometida.
Fue un lugar de espera y de decisión. Allí el pueblo pecó con las moabitas, pero también allí Dios hizo el censo de una nueva generación, designó a Josué como sucesor de Moisés y renovó su pacto con Israel.
Fue también el último escenario terrenal de Moisés. Después de proclamar toda la ley que hoy forma el libro de Deuteronomio, subió de allí al monte Nebo, vio la tierra prometida a lo lejos y murió, sin entrar en ella.
Las llanuras de Moab recuerdan que Dios termina lo que empieza. Aun cuando un líder fiel no completa el camino, la promesa sigue en pie para el pueblo que él condujo.
