Números continúa la historia comenzada en Éxodo y Levítico, acompañando al pueblo de Israel en su jornada desde el monte Sinaí hasta las puertas de la tierra prometida.
El nombre del libro proviene de los dos censos que registra, uno al inicio de la jornada y otro casi cuarenta años después, contando a los hombres aptos para la guerra.
Entre esos dos censos hay una larga historia de fe puesta a prueba. Los espías vuelven de Canaán con un informe de temor, y el pueblo se niega a confiar en la promesa de Dios.
Como consecuencia, esa generación es condenada a vagar por el desierto hasta morir, y solo sus hijos entrarán en la tierra. Una jornada de pocos días se convierte en cuarenta años de disciplina.
Aun así, Dios no abandona a su pueblo. Sigue guiándolo por la nube y la columna de fuego, alimentándolo con maná y defendiendo a Israel incluso cuando el mismo pueblo se rebela contra él.
Coré desafía el liderazgo de Moisés y Aarón, Miriam cuestiona la autoridad de su hermano, y hasta Moisés falla delante de Dios. Ni siquiera los líderes escogidos están libres de la disciplina divina.
El rey Balac contrata al profeta Balaam para maldecir a Israel, pero Dios transforma cada intento de maldición en bendición. Ningún plan humano logra anular lo que Dios ha decidido bendecir.
El libro también guarda la bendición sacerdotal que Aarón y sus hijos debían pronunciar sobre el pueblo, palabras que todavía hoy se usan para bendecir a comunidades enteras.
Al final, una nueva generación se acerca a la tierra prometida, lista para comenzar de nuevo bajo el liderazgo de Josué. Números demuestra que la fidelidad de Dios resiste incluso ante la incredulidad humana, e invita a confiar en él aun en el desierto.