Nínive fue la capital del imperio asirio, una de las potencias más temidas del mundo antiguo. Estaba ubicada a las orillas del río Tigris, en el norte de Mesopotamia.
La Biblia recuerda a Nínive sobre todo por la historia de Jonás. Dios envió al profeta a predicar contra la maldad de la ciudad, pero Jonás huyó en dirección opuesta y solo llegó allí después de ser tragado por un gran pez.
Al predicar, Jonás anunció que la ciudad sería destruida en cuarenta días. Para sorpresa del propio profeta, el rey y todo el pueblo se arrepintieron, y Dios perdonó a Nínive.
Siglos antes, según Génesis, la ciudad había sido edificada por Nimrod. Siglos después de Jonás, los profetas Nahúm y Sofonías anunciaron que el juicio finalmente alcanzaría a Nínive, a causa de la violencia y el orgullo del imperio asirio.
La historia de Nínive muestra dos facetas del carácter de Dios: su paciencia con quienes se arrepienten, revelada en tiempos de Jonás, y su justicia frente a la opresión que se repite, anunciada por Nahúm y Sofonías.
