Toda amenaza demasiado grande para las propias fuerzas provoca la misma decisión: entregarse al pánico o llevar el problema a Dios. La historia de Senaquerib coloca al lector justo en medio de esa decisión, frente a un ejército invencible y una voz que se burlaba abiertamente del Señor.
Senaquerib fue rey de Asiria, el imperio más temido del Cercano Oriente en el siglo VIII a. C. Alrededor del año 701 a. C., invadió Judá, conquistó sus ciudades fortificadas y aisló a Jerusalén, la última capital que aún se mantenía en pie (2 Reyes 18:13).
Envió a su comandante, el Rabsaces, para intimidar al pueblo justo frente a la muralla. Hablando en hebreo, para que todos entendieran, llamó al Señor un dios más, impotente entre tantos que Asiria ya había derrotado (2 Reyes 18:28-35).
Ezequías rasgó sus vestiduras y llevó la amenaza al templo. Senaquerib endureció el tono en una carta, desafiando abiertamente al Dios vivo de Israel (2 Reyes 19:10-13). Ezequías extendió la carta delante del Señor y oró, y el profeta Isaías respondió con una palabra de juicio contra el rey asirio (2 Reyes 19:14-34).
Esa misma noche, el ángel del Señor hirió a ciento ochenta y cinco mil soldados en el campamento asirio (2 Reyes 19:35). Por la mañana, el cerco se había convertido en un campo de cadáveres, sin que Judá hubiera disparado una sola flecha.
Senaquerib regresó humillado a Nínive. Años después, mientras adoraba a su propio dios Nisroc, fue muerto a espada por sus propios hijos, que huyeron, y otro hijo suyo, Esarhadón, asumió el trono (2 Reyes 19:36-37).
La caída de un rey tan poderoso recuerda que ninguna amenaza humana es demasiado grande para Dios, por más fuerte que grite. Lo que decide la batalla no es el tamaño del ejército que rodea al lector, sino hacia dónde se lleva el miedo.
Ante voces que hoy se burlan de la fe, la historia invita a la misma respuesta de Ezequías: extender el problema delante de Dios en vez de discutir con quien lo desafía. Aquel que derribó a Senaquerib sigue reinando sobre cualquier poder que se levante contra su pueblo.