Moab era un reino situado en la meseta al este del mar Muerto, entre los ríos Arnón y Zered. Su pueblo descendía de Moab, hijo nacido de la unión entre Lot y su hija mayor después de la destrucción de Sodoma y Gomorra.
A pesar de ese origen marcado por la vergüenza, el territorio de Moab volvió a aparecer varias veces en la historia bíblica, casi siempre en momentos decisivos para el pueblo de Dios.
Fue en las llanuras de Moab donde Israel acampó antes de atravesar el Jordán rumbo a Canaán. Allí el rey Balac intentó contratar al profeta Balaam para maldecir al pueblo de Dios, y allí también Moisés subió al monte Nebo para contemplar la tierra prometida antes de morir.
Siglos después, una familia de Belén buscó refugio del hambre en Moab. Una joven moabita llamada Rut se unió al pueblo de Dios por fe y se convirtió en bisabuela del rey David, y así ancestro de Jesús.
La historia de Moab muestra que Dios puede transformar hasta un origen manchado por el pecado, incluyendo a extranjeros dentro de su plan de salvación cuando responden con fe.
