Antioquía de Siria era la tercera ciudad más grande del Imperio Romano, superada solo por Roma y Alejandría. Estaba a orillas del río Orontes, en el cruce entre Oriente y el mundo mediterráneo, y ya tenía una gran comunidad judía antes de que el evangelio llegara allí.
Después de la persecución que siguió a la muerte de Esteban, creyentes dispersos llegaron a Antioquía y comenzaron a anunciar a Jesús también a los griegos, no solo a los judíos. Allí nació una iglesia verdaderamente mixta, de judíos y gentiles lado a lado.
Bernabé fue enviado desde Jerusalén para confirmar esa obra y trajo a Saulo de Tarso para enseñar a su lado durante un año entero. Fue en Antioquía donde a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez.
De allí el Espíritu Santo apartó a Bernabé y a Saulo para el primer gran viaje misionero de la iglesia. Antioquía se convirtió en la base de envío de la misión a los gentiles, el contrapunto de Jerusalén en el libro de Hechos, el lugar de donde partían los misioneros y al que volvían para rendir cuentas.
