Tito es una carta breve, pero contiene instrucciones prácticas de principio a fin. Pablo escribe a un joven colaborador dejado en una isla difícil, Creta, con una misión concreta: organizar iglesias que aún daban sus primeros pasos en la fe.
Tito era griego de nacimiento, convertido al evangelio y uno de los compañeros más confiables del apóstol. La carta revela el cuidado de Pablo por la próxima generación de líderes de la iglesia.
El tema central de la carta es sencillo de decir y desafiante de vivir. La sana doctrina, la enseñanza correcta sobre Dios y la salvación, nunca se queda solo en la teoría: se manifiesta en buenas obras.
Por eso Pablo detalla las cualidades esperadas de los ancianos, los líderes que cuidarían las iglesias en cada ciudad de Creta. También advierte a Tito contra falsos maestros que enseñaban por avaricia.
La carta además orienta cómo hombres y mujeres, jóvenes y mayores, debían vivir de manera que diera credibilidad al evangelio ante una sociedad que veía a los cretenses con desconfianza.
En medio del texto está una de las declaraciones más hermosas del Nuevo Testamento sobre la gracia de Dios. Ella se manifestó para la salvación de todos y enseña a vivir de manera justa y piadosa.
Pablo deja claro que nadie es salvo por méritos propios. Dios salvó por su misericordia, no por actos de justicia practicados por alguien, y renovó a cada creyente por el Espíritu Santo.
Tito es, en el fondo, una carta sobre orden y carácter. Muestra cómo estructurar una iglesia saludable y cómo la gracia, cuando de verdad se comprende, produce gente dispuesta para toda buena obra.
Vale la pena leer esta carta con atención. Ella recuerda que doctrina correcta y vida transformada deben ir siempre de la mano.