El Apocalipsis es el último libro de la Biblia y revela el desenlace de toda la historia. Su nombre viene de la palabra griega que significa revelación: Dios le muestra al apóstol Juan lo que aún va a suceder.
Juan estaba exiliado en la isla de Patmos, aislado a causa de su fe en Jesús. Fue allí, en medio del sufrimiento, donde recibió la visión más impresionante de toda la Escritura.
El libro se abre con una escena de Jesús glorificado, de pie en medio de siete candelabros de oro. Ya no es el humilde carpintero de Galilea, sino el Señor resucitado, con ojos como llama de fuego.
A continuación, Cristo envía mensajes personales a siete iglesias reales de Asia Menor. Él elogia la fidelidad de algunas, corrige el error de otras y llama a todas a perseverar hasta el fin.
Después, Juan es llevado al cielo y contempla el trono de Dios rodeado de adoración constante. Solo el Cordero que fue inmolado es digno de abrir el libro que contiene el plan final de Dios para la historia.
Las páginas siguientes describen sellos, trompetas y copas: símbolos de los juicios de Dios sobre un mundo que insiste en rechazarlo. En medio del caos, sin embargo, el pueblo de Dios es protegido y preservado.
El dragón y las bestias representan todo poder que se ha levantado contra la iglesia a lo largo de la historia. Pero el Apocalipsis garantiza que ese poder tiene un plazo y será derrotado.
El libro termina con una de las más hermosas promesas de la Biblia: un cielo nuevo, una tierra nueva y la Nueva Jerusalén, donde Dios habitará para siempre con su pueblo. Ya no habrá más lágrimas, muerte ni dolor.
Leer el Apocalipsis es recordar que Jesús está en el trono y que la última palabra de la historia ya fue escrita. Vale la pena sumergirse en estas páginas y descubrir la esperanza que ofrecen.