Tiatira era una ciudad del interior de Asia Menor romana, en una llanura abierta sobre la antigua frontera entre Lidia y Misia, sin colinas ni murallas naturales que la defendieran.
Se encontraba en el cruce de rutas romanas que unían Pérgamo con Sardes y con el interior de Asia, lo que la convirtió en un próspero centro comercial. Tenía más gremios de artesanos que cualquier otra ciudad conocida de la región, entre ellos tintoreros, alfareros, curtidores y panaderos.
La ciudad aparece dos veces en el Nuevo Testamento. En Hechos, se cita como origen de Lidia, la comerciante de telas de púrpura convertida durante la predicación de Pablo en Filipos.
En Apocalipsis, Tiatira recibe la más larga de las siete cartas de Cristo a las iglesias de Asia. Él elogia el amor, la fe, el servicio y la perseverancia de los creyentes allí, pero los reprende con dureza por tolerar las enseñanzas de una falsa profetisa llamada Jezabel, que inducía a la iglesia a la inmoralidad sexual y a la idolatría.
La carta revela a un Dios que escudriña mentes y corazones y no cierra los ojos ante el pecado disfrazado de tolerancia.
