Patmos es una pequeña isla en el mar Egeo, parte del archipiélago del Dodecaneso, cerca de la costa de Asia Menor.
A fines del primer siglo, bajo persecución romana, el apóstol Juan fue exiliado allí a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Él mismo describe esa condición en Apocalipsis 1:9.
Fue en esa isla aislada, “en el día del Señor”, que Juan vio a Jesús resucitado en gloria, en medio de siete candeleros de oro. Recibió allí la orden de escribir lo que veía y enviarlo a las siete iglesias de Asia.
Patmos muestra que ningún exilio logra callar la voz de Dios. Aislado del mundo, el apóstol anciano se convirtió en el instrumento por el cual Cristo reveló a sus siervos las cosas que habían de suceder, en el último libro de la Biblia.
