www.j-pics.info - Flickr, CC BY-NC-SA 2.0, via Joshua Project
Pueblo no alcanzado
Los shaiquias, también llamados shaigiya, se cuentan entre las tribus árabes más conocidas del norte de Sudán. Viven a lo largo del Nilo, en aldeas situadas entre campos cultivados y el desierto de Bayuda. Hablan árabe sudanés y se reconocen como árabes, aunque hasta el siglo XIX hablaron una lengua nubia, lo que revela una herencia nubia arabizada poco a poco a lo largo de los siglos.
La identidad shaiquia se apoya en una genealogía compartida. La tradición cuenta que la tribu desciende de un antepasado llamado Shaig, y se organiza en doce secciones, cada una recordada como descendiente de uno de sus hijos. Ese sentido de pertenencia es fuerte. Durante generaciones, los jinetes shaiquias fueron temidos y admirados en gran parte de Sudán, y este pueblo dio al país figuras de peso, como el general Ibrahim Abboud, que llegó a la presidencia de la nación.
Los shaiquias viven en tierras que formaron parte del corazón del reino cristiano nubio de Makuria. Del encuentro entre grupos locales y clanes árabes, en los siglos finales de ese reino, surgió una tribu que adoptó la lengua y la genealogía árabes. Bajo el sultanato de Funj fue súbdita, pero hacia 1690 rompió con el poder central y pasó a ser la única tribu independiente de la región.
En 1820 resistieron la invasión turco-egipcia, fueron vencidos en Korti y después los invasores los usaron contra otras tribus. Durante el período mahdista sufrieron duras represalias y quedaron reducidos a unos pocos cientos de familias, pero se recuperaron en el siglo XX.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Sudán No alcanzado
|
100%
|
1.211.000 |
Tradicionalmente, los shaiquias viven del cultivo a orillas del Nilo, y en otros tiempos ganaban prestigio como jinetes y soldados. La vida gira en torno a la familia extensa, en la que el padre es el jefe del hogar y, en su ausencia, la madre, un tío o el abuelo asumen el cuidado del grupo.
En las bodas, las novias se adornan con henna. Los niños juegan al seega, un juego de piedrecitas de distintos colores trazado en la arena, parecido al tres en raya. Era costumbre cortar tres líneas horizontales en el rostro de los pequeños, práctica que hoy va desapareciendo. Muchos niños asisten a las khalwas, escuelas tradicionales donde aprenden el árabe clásico y memorizan el Corán antes de entrar en la escuela pública.
Los shaiquias son musulmanes suníes. La fe se aprende desde la infancia en las khalwas, donde los niños memorizan el Corán. La propia tradición de origen refuerza el vínculo con el islam, pues une al antepasado Shaig con Abbas, tío del profeta Mahoma.
Para la mayoría, ser shaiquia y ser musulmán son una sola cosa. La oración, el ayuno y las fiestas marcan el calendario, y los grandes momentos de la vida, como el nacimiento, el matrimonio y el duelo, se viven dentro de ese marco religioso y comunitario. Hablar de Jesús a alguien de este pueblo exige, por eso, paciencia y amistad, pues la fe es parte de la herencia que dejaron los antepasados.
Los shaiquias hablan árabe sudanés, una lengua de tradición sobre todo oral. Existen grabaciones de audio en este idioma, y quien sabe leer puede recurrir a las Escrituras en árabe estándar, que enseña la escuela. En la práctica, el desafío es menos la falta de material y más lograr que llegue a quien nunca lo ha buscado, en un formato cercano al habla cotidiana y de modo que pueda leerse o escucharse con seguridad.
Un pueblo solo entiende de verdad el evangelio cuando lo escucha en la lengua de su corazón. Vea en qué etapa está la traducción.
Datos de traducción: Joshua Project.
Entre los shaiquias, la fe es parte del honor de la tribu y de la herencia de los antepasados. Quien se acerca a Jesús corre el riesgo de ser visto como alguien que rompe con la familia y con la historia del pueblo. En Sudán, seguir a Cristo viniendo del islam suele tener un alto costo social y familiar, y la pequeña comunidad cristiana del país rara vez llega a las aldeas del Nilo septentrional. Pocos obreros llegan hasta allí, y la inestabilidad política dificulta aún más cualquier contacto duradero.
Sudán atraviesa años de conflicto, desplazamiento y crisis económica, y las familias de la región del Nilo sienten el peso de la inseguridad y la escasez. Hay necesidad de paz, de servicios básicos, de salud y de oportunidades dignas para los jóvenes y para las familias desplazadas.
En el campo espiritual, falta lo que muchos ni siquiera saben que les falta: alguien que comparta el evangelio con amistad y respeto, en la lengua del corazón, y una comunidad de fe que pueda acoger y acompañar a quien quiera conocer a Jesús.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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