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Pueblo no alcanzado
Los punjabis son un pueblo originario del Punyab, la región de los cinco ríos en el noroeste del subcontinente indio, hoy dividida entre la India y Pakistán. Hablan el punjabi, una lengua de rica tradición poética y musical, y llevan consigo una reputación de energía, generosidad en la mesa y lazos familiares muy fuertes.
Aquí hablamos de los punjabis que viven dispersos fuera de su tierra de origen: en los países del Golfo, en el Sudeste Asiático, en África Oriental, en el Pacífico y en comunidades antiguas en Europa y América del Norte. Muchos partieron en busca de trabajo, estudio o mejores condiciones de vida y formaron comunidades que mantienen viva la lengua, la cocina, las fiestas y la memoria del Punyab.
No todos comparten la misma fe. Entre los punjabis hay musulmanes, hindúes, sijs y una pequeña minoría cristiana, y esa diversidad religiosa forma parte de la identidad del pueblo a lo largo de su historia.
El Punyab es una de las regiones de poblamiento humano más antiguas del Asia meridional, atravesada durante siglos por rutas de comercio y por ejércitos. Allí se encontraron tradiciones hindúes, budistas, islámicas y, a partir del siglo XV, el movimiento sij, fundado por Guru Nanak. Esa convivencia moldeó una cultura propia, con costumbres populares compartidas por gente de fes distintas.
La división del subcontinente en 1947 partió el Punyab en dos y provocó migraciones inmensas y dolorosas, que marcaron profundamente la memoria de las familias. Desde entonces, y en especial en el siglo XX, sucesivas oleadas de punjabis emigraron para trabajar en obras, fábricas, comercio y servicios en otros continentes, creando las comunidades de diáspora de hoy.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Estados Unidos No alcanzado
|
16,4%
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338.000 |
Arabia Saudí No alcanzado
|
15,5%
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321.000 |
Canadá No alcanzado
|
14,5%
|
300.000 |
Reino Unido No alcanzado
|
11,6%
|
239.000 |
Emiratos Árabes Unidos No alcanzado
|
10,4%
|
214.000 |
Australia No alcanzado
|
6,8%
|
141.000 |
Tanzania No alcanzado
|
3,9%
|
80.000 |
Malasia No alcanzado
|
3,6%
|
75.000 |
Japón No alcanzado
|
3,3%
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68.000 |
Tailandia No alcanzado
|
3,1%
|
64.000 |
Omán No alcanzado
|
2,1%
|
44.000 |
Irán No alcanzado
|
1,9%
|
40.000 |
Mauricio No alcanzado
|
1,2%
|
25.000 |
Singapur No alcanzado
|
1,2%
|
25.000 |
Kuwait No alcanzado
|
1,1%
|
22.000 |
Nueva Zelanda No alcanzado
|
1,1%
|
22.000 |
Kenia No alcanzado
|
0,8%
|
16.000 |
Myanmar (Birmania) No alcanzado
|
0,5%
|
11.000 |
Fiyi Poco alcanzado
|
0,5%
|
9.300 |
Afganistán No alcanzado
|
0,3%
|
6.700 |
Reunión Poco alcanzado
|
0,2%
|
3.400 |
La familia es el centro de la vida punjabi. Varias generaciones suelen convivir de cerca, y las bodas, los nacimientos y las fiestas reúnen a parientes y amigos en grandes celebraciones, con música, baile y mucha comida. La hospitalidad es una virtud valorada: recibir bien al visitante es cuestión de honor, y la mesa abundante, con panes horneados, lentejas, yogur y platos de carne o verduras sazonadas, es señal de respeto.
En el extranjero, muchos punjabis se dedican al comercio, al transporte, a la construcción, a la agricultura y a las profesiones liberales, y son conocidos por su disposición para el trabajo y por la solidaridad dentro de la comunidad. Los lugares de culto, las asociaciones y la lengua hablada en casa ayudan a mantener la identidad, mientras los más jóvenes equilibran la herencia de sus padres con la vida en el país donde crecieron.
La fe de los punjabis varía según la comunidad y el país. Muchos son musulmanes, sobre todo los que vinieron del lado paquistaní del Punyab o viven en países de mayoría islámica. Otros son hindúes o sijs, estos últimos seguidores de una tradición que afirma un solo Dios y valora la oración, el trabajo honesto y el compartir con los necesitados.
En todos los casos, la religión está entrelazada con la familia y la identidad: ser punjabi suele implicar pertenecer a la fe de los padres y de la comunidad. Prácticas populares, como las visitas a santuarios, la devoción a maestros espirituales y el respeto a los antepasados, conviven con la vivencia religiosa formal. Por eso, cambiar de fe se ve muchas veces como un alejamiento de la familia y del pueblo.
El punjabi es una lengua con literatura antigua y se escribe en más de un alfabeto: el gurmukhi, usado sobre todo en la India, y el shahmukhi, de origen persa, usado en Pakistán. La Biblia existe en punjabi desde hace mucho tiempo, y hay también otros materiales cristianos en la lengua. Aun así, quien vive lejos del Punyab no siempre sabe leer el alfabeto de su propia lengua, y muchos jóvenes de la diáspora hablan más el idioma del país donde nacieron, lo que vuelve importantes los recursos en audio, video y en más de una escritura.
Un pueblo solo entiende de verdad el evangelio cuando lo escucha en la lengua de su corazón. Vea en qué etapa está la traducción.
Datos de traducción: Joshua Project.
Para la mayoría de los punjabis, la fe es inseparable de la familia y del honor de la comunidad. Seguir a Jesús puede entenderse como traicionar a los padres, a la religión y al propio pueblo, y quien lo hace corre el riesgo de perder el apoyo de los suyos o de sufrir presión social. En países donde el islam es la religión oficial, hay además restricciones para la vida de las comunidades cristianas. La dispersión en muchos países, sin iglesias en la lengua y la cultura punjabi, dificulta que alguien conozca de cerca a un cristiano o encuentre un lugar de comunión.
Los punjabis de la diáspora necesitan, ante todo, amigos que los reciban con respeto y escuchen su historia. Muchos enfrentan largas jornadas de trabajo, nostalgia de la tierra natal y la presión de equilibrar dos culturas, y pueden encontrar en el cuidado práctico de una familia cristiana una señal concreta del amor de Dios.
Necesitan también acceso a la Biblia y a materiales en punjabi, en audio, video y en las dos escrituras, para poder oír el evangelio en la lengua del corazón. Y necesitan comunidades de fe acogedoras, donde quien decida seguir a Jesús encuentre comunión, orientación y apoyo, sin tener que abandonar a su familia ni a su pueblo.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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