<p>Pocos nombres de la Reforma dividen tanto como Thomas Müntzer. Sacerdote erudito, se convirtió en predicador incendiario, convencido de que el Espíritu Santo hablaba directamente a los elegidos, más allá de la letra de la Escritura. Su vida terminó de forma precoz y violenta, antes de los 40 años de edad.</p>
<p>Nacido hacia 1489 en Stolberg, en el Harz, estudió teología en Leipzig y en Frankfurt del Óder. En 1517 estuvo en Wittenberg, donde conoció a Martín Lutero. Años después, en 1520, fue recomendado por Lutero para un puesto pastoral en Zwickau.</p>
<p>En Zwickau, entre 1520 y 1521, su predicación se radicalizó: pasó a valorar revelaciones y visiones continuas del Espíritu por encima de la autoridad de la Biblia escrita. La ruptura con Lutero, antes discreta, se volvió pública y definitiva, sin retorno posible.</p>
<p>Expulsado de Zwickau, se refugió en Praga, donde lanzó, en 1521, el Manifiesto de Praga: un texto apocalíptico que denunciaba al clero corrompido y anunciaba una nueva comunidad guiada directamente por el Espíritu Santo, sin mediación institucional.</p>
<p>En 1523 se convirtió en pastor en Allstedt, se casó con la ex monja Ottilie von Gersen y publicó la primera liturgia completa en lengua alemana de la Reforma. Al año siguiente, predicó el Sermón a los Príncipes, convocando a las autoridades a usar la espada contra los impíos.</p>
<p>Su retórica sobrepasó la simple advertencia: Müntzer llegó a defender que los elegidos tenían el derecho de eliminar a los incrédulos, posición que Lutero condenó con vehemencia. El episodio expone, con sobriedad, el riesgo de mezclar celo profético con violencia política.</p>
<p>En 1525, al frente de la Liga Eterna de Dios, se convirtió en uno de los líderes espirituales de la Guerra de los Campesinos. Derrotado en la Batalla de Frankenhausen, fue capturado, torturado y decapitado en Mühlhausen, el 27 de mayo de 1525, a los 35 años. Bajo tortura, llegó a firmar una confesión renunciando a sus doctrinas, episodio que sus adversarios usaron después para desacreditar su causa.</p>
<p>Su historia permanece como advertencia para todo movimiento espiritual: cómo discernir entre celo auténtico y el riesgo de confundir causa propia con causa de Dios. Siglos después, su nombre todavía provoca debate entre teólogos, historiadores y movimientos sociales.</p>
Pessoa