Pocas personas cambian la sala del tribunal por el púlpito de la noche a la mañana. Charles Finney hizo exactamente eso: era un abogado prometedor en el interior del estado de Nueva York cuando, en octubre de 1821, una experiencia de conversión en el bosque cambió el rumbo de su vida y, con ella, el rostro del avivamiento estadounidense.
Nacido en 1792 en Warren, Connecticut, Finney creció en una familia que se mudó pronto al oeste del estado de Nueva York, región que llegaría a conocerse como el distrito incendiado por los avivamientos que la recorrieron. Estudió derecho en el bufete de un abogado en Adams, Nueva York, y llegó a ejercer la profesión.
El 10 de octubre de 1821, después de meses leyendo la Biblia a causa de referencias a la ley mosaica en sus estudios jurídicos, Finney tuvo una conversión que describió como decisiva. A la mañana siguiente, rechazó a un cliente diciendo que ahora defendía la causa de Cristo, y no más causas civiles.
Licenciado como ministro presbiteriano en 1824, Finney llevó al púlpito el lenguaje directo que usaba ante los jurados. Introdujo métodos que llegaron a conocerse como los nuevos métodos: reuniones diarias, el banco de los afligidos para quienes buscaban la conversión y la oración pública de mujeres en cultos mixtos.
Estas prácticas provocaron una fuerte resistencia. Teólogos presbiterianos conservadores, como Charles Hodge, de Princeton, acusaron a su teología de vaciar la doctrina de la gracia soberana y de aproximarse al pelagianismo, al enseñar que la santificación plena estaba al alcance de la voluntad humana. La controversia dividió a las iglesias presbiterianas durante décadas.
Entre 1830 y 1831, encabezó uno de los mayores avivamientos del Segundo Gran Despertar, en la ciudad de Rochester, Nueva York, con miles de conversiones reportadas. En 1832, se convirtió en pastor de la Chatham Street Chapel, en Nueva York, y comenzó a excluir de la Cena a quienes poseían o comerciaban con esclavos.
En 1835, aceptó la cátedra de teología en el Oberlin Collegiate Institute, fundado dos años antes, condicionando su llegada a la admisión de estudiantes negros y a la libertad de expresión en la institución. Fue el segundo presidente del Oberlin College, de 1851 a 1866, formando generaciones de predicadores y reformadores sociales.
Ya en Oberlin, Finney fue más allá de los nuevos métodos de predicación: llegó a negar la doctrina tradicional del pecado original y la explicación penal sustitutoria de la expiación de Cristo, y formuló, junto al presidente Asa Mahan, una doctrina de perfección cristiana según la cual el creyente podía alcanzar la santificación completa todavía en esta vida. La propuesta surgió, en parte, como respuesta al número de convertidos de sus avivamientos que luego retrocedían en la fe, pero el llamado perfeccionismo de Oberlin fue visto, entonces y hoy, por muchos evangélicos y teólogos reformados como una desviación de la ortodoxia histórica.
El legado de Finney atraviesa fronteras denominacionales: el llamado público al arrepentimiento, hoy común en los cultos evangélicos, se remonta en buena parte a sus nuevos métodos. Su convicción de que el avivamiento exige medios humanos usados con fe sigue inspirando a quienes trabajan por la conversión de las naciones, aunque sus formulaciones teológicas sigan siendo objeto de debate entre los propios evangélicos.