Todos hemos sentido alguna vez que estamos demasiado lejos de Dios para merecer su amor, demasiado cansados para levantarnos de nuevo. Fue para esas personas que el escritor norteamericano Brennan Manning dedicó toda su vida, escribiendo sobre un Dios que ama antes de cualquier mérito.
Nacido como Richard Francis Xavier Manning en 1934, en Brooklyn, creció en una familia pobre durante los años de la Depresión. Tras dos años de estudios en la Universidad St. John’s, sirvió como infante de marina en la Guerra de Corea y, en febrero de 1956, vivió una experiencia marcante del amor personal de Jesucristo, que profundizó su adhesión al catolicismo.
Estudió filosofía y teología y fue ordenado sacerdote franciscano en 1963. A finales de la década de 1960, ingresó en los Pequeños Hermanos de Jesús, comunidad dedicada a la vida contemplativa entre los pobres, trabajando como albañil y lavaplatos en Francia y viviendo por meses en una cueva en el desierto de Zaragoza, España.
A lo largo de su vida, Manning enfrentó un alcoholismo grave, marcado por una internación en una clínica de rehabilitación en 1975 y por recaídas en las décadas siguientes, lo que lo llevó a dejar la orden franciscana en 1982. Él mismo reconocía públicamente haber sido, en sus palabras, promiscuo, mentiroso y arrogante antes de encontrar descanso en la misericordia de Cristo.
Se casó con Roslyn Ann Walker en 1982, pero el matrimonio terminó en divorcio en 2000, y la lucha contra la bebida lo acompañó hasta el final de su vida. Aun así, transformó su fragilidad en materia prima para escribir sobre la gracia, sin ocultar sus propias caídas.
En 1990, publicó El Evangelio Andrajoso, su obra más conocida, defendiendo que el evangelio es buena noticia precisamente para los fracasados, los cansados y los que se sienten indignos. El libro se convirtió en lectura esencial para quienes cargan vergüenza o agotamiento espiritual.
Su amistad con el cantante Rich Mullins, quien participó en un retiro de silencio dirigido por él, ayudó a difundir ese mensaje también en la música cristiana contemporánea. Manning murió en 2013, en Nueva Orleans, con síndrome de Wernicke-Korsakoff, trastorno neurológico ligado al uso crónico de alcohol, pero sus libros siguen siendo leídos por quienes buscan recomenzar en la gracia, no en el propio esfuerzo.