Hay situaciones en que quedarse en silencio parece la opción más segura, pero el silencio tiene un precio que solo se revela después. Ester conoció bien ese dilema: era joven, huérfana y vivía ocultando quién realmente era, hasta el día en que callar se volvió imposible.
Ester, también llamada Hadasa, era judía y había sido criada por su primo Mardoqueo después de perder a su padre y a su madre (Ester 2:7). Viviendo en el imperio persa, fue reunida en el harén del rey Jerjes junto con otras jóvenes del reino y conquistó el favor de Hegai, responsable de aquellas mujeres (Ester 2:8-9).
Después de meses de preparación, Ester agradó más al rey que cualquier otra y se convirtió en reina en lugar de Vasti, sin revelar su origen judío, por indicación de Mardoqueo (Ester 2:10,17,20).
Tiempo después, el ministro Amán consiguió un decreto para exterminar a todos los judíos del imperio, irritado porque Mardoqueo se negaba a inclinarse ante él (Ester 3:1-13). Mardoqueo pidió a Ester que intercediera ante el rey, aun sabiendo que presentarse ante él sin ser llamada podía costarle la vida (Ester 4:8-11).
Fue entonces cuando Mardoqueo pronunció la frase que definiría la vida de Ester: quién sabe si ella no había llegado a la posición de reina precisamente para aquel momento (Ester 4:14). Ester pidió ayuno a todo el pueblo judío y decidió actuar, aunque eso significara morir (Ester 4:16).
Con sabiduría, Ester preparó banquetes para el rey y para Amán, escogió el momento adecuado y expuso el plan de exterminio ante el propio rey (Ester 5:1-8; 7:1-6). Amán fue empalado en la estaca que había preparado para Mardoqueo, y un nuevo decreto real autorizó a los judíos a defenderse en todo el imperio, ya que el decreto original de exterminio, una vez sellado con el anillo del rey, ya no podía ser anulado (Ester 7:9-10; 8:8-14).
La vida de Ester recuerda que Dios puede colocar a alguien exactamente en el lugar correcto, aun cuando eso exige correr riesgos por otros. Tal vez tú también estés hoy en una posición que parece solo tu logro, pero puede ser, en realidad, un llamado para actuar en favor de quienes no tienen voz.