Pocos teólogos del siglo XX lograron explicar la grandeza de Dios a audiencias tan diversas como Robert Charles Sproul. Pastor, profesor y comunicador, dedicó su vida a la convicción de que la iglesia había olvidado lo que significa decir que Dios es santo.
Nacido el 13 de febrero de 1939 en Pittsburgh, Pensilvania, Sproul creció en una familia de clase trabajadora. En 1957, en su primer año de universidad, se convirtió al cristianismo después de que un compañero le mostrara un versículo de Eclesiastés que nunca olvidaría.
Se graduó en Westminster College en 1961 y completó la maestría en teología (MDiv) en el Seminario Teológico de Pittsburgh en 1964. Luego estudió con el teólogo G. C. Berkouwer en la Universidad Libre de Ámsterdam, donde obtuvo en 1969 el grado de doctorandus, equivalente a una maestría, pero no concluyó la tesis doctoral. Décadas después, en 2001, recibió un PhD del Whitefield Theological Seminary, institución sin acreditación formal, lo que generó cuestionamientos, todavía discutidos hoy, sobre el uso del título de doctor asociado a su nombre. En 1960 se casó con Vesta Voorhis, su novia de juventud, con quien vivió 57 años.
Ordenado pastor en 1965, enseñó en varios seminarios antes de fundar, en 1971, el Ligonier Valley Study Center, en un valle rural de Pensilvania que dio nombre al ministerio. En 1984 la organización se trasladó a Orlando, Florida, desde donde comenzó a alcanzar oyentes por radio y publicaciones.
En 1978 ayudó a redactar la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica, documento que reunió a líderes evangélicos en defensa de la confiabilidad de las Escrituras. Siete años después publicó La santidad de Dios, libro que se convirtió en una de las obras más leídas de la teología reformada popular.
Sproul también enfrentó pruebas y fallas propias. Luchó durante unos cuarenta años contra la adicción al cigarrillo, algo que él mismo describió como casi destructivo para su vida espiritual. En algunas ilustraciones teológicas de los años 1980, usó un lenguaje que generó fuertes críticas por la dureza de la imagen elegida, y reconoció el problema, abandonando esa forma de enseñar en los años siguientes.
En sus últimos años, fue copastor de la Capilla Saint Andrew, en Sanford, y canciller del Reformation Bible College, la facultad que había ayudado a fundar para formar nuevos pastores. Murió el 14 de diciembre de 2017, a los 78 años, a causa de complicaciones respiratorias.
Su legado permanece en los miles de sermones grabados, en los libros traducidos a varios idiomas y en el recordatorio sencillo que repetía: la iglesia solo entiende la gracia cuando primero entiende la santidad de Dios.