Herman Bavinck nació el 13 de diciembre de 1854 en Hoogeveen, Países Bajos, hijo de un pastor de una iglesia reformada separatista y ortodoxa. Creció entre la piedad calvinista de su hogar y la curiosidad por comprender el mundo moderno que se abría a su alrededor.
Tras un año en la Escuela Teológica de Kampen, ligada a su tradición eclesiástica, sorprendió a todos al trasladarse a la Universidad de Leiden, entonces el principal centro de la teología liberal en Holanda. Allí estudió con profesores que cuestionaban la autoría y la historicidad tradicional de las Escrituras.
Esa elección generó desconfianza en ambos lados: los líderes de su iglesia temían que perdiera la fe ortodoxa, mientras que los profesores liberales lo veían como un joven talentoso atrapado en dogmas antiguos. Bavinck se doctoró en 1880 con una tesis sobre la ética del reformador suizo Ulrico Zuinglio, negándose a elegir entre erudición y fe.
En 1881 fue ordenado pastor de una iglesia cristiana reformada en Franeker, donde sirvió por cerca de dos años y rechazó dos invitaciones para enseñar en la Universidad Libre de Ámsterdam. En 1882 aceptó el llamado del sínodo a la cátedra de dogmática en la Escuela Teológica de Kampen e inició su docencia el 10 de enero de 1883, a los 28 años, dando comienzo a dos décadas de trabajo que darían origen a su obra mayor, la Dogmática Reformada, en cuatro volúmenes. El libro sistematizaba la fe calvinista clásica en diálogo directo con la filosofía, la ciencia y la psicología de su tiempo.
En 1902 sucedió a Abraham Kuyper en la cátedra de dogmática de la Universidad Libre de Ámsterdam, cuando este se dedicó por completo a la política. En 1908 y 1909 fue invitado por el Seminario de Princeton para las prestigiosas Stone Lectures, publicadas como La Filosofía de la Revelación.
Bavinck también actuó fuera del ámbito académico: fue elegido senador por el Partido Antirrevolucionario en 1911 y se involucró en debates sobre educación cristiana y psicología religiosa. Como parlamentario, criticó la explotación económica de las colonias holandesas en las Indias Orientales, aunque, como muchos de sus contemporáneos, mantuvo una visión paternalista sobre la cultura cristiana occidental como modelo a exportar a los pueblos colonizados. En 1911 publicó también la obra Modernismo y Ortodoxia, respuesta pública a quienes lo veían como un fundamentalista disfrazado o como alguien que había cedido al siglo.
En agosto de 1920, días después de hablar en el sínodo de las iglesias reformadas en Leeuwarden, sufrió un ataque cardíaco del que nunca se recuperó por completo. Murió en Ámsterdam el 29 de julio de 1921, a los 66 años, tras meses de enfermedad. Dejó la convicción de que la verdad cristiana no necesita temer el examen honesto de la razón, la ciencia o la cultura, porque toda ella pertenece a Dios.
Su Dogmática Reformada sigue siendo leída en seminarios reformados de todo el mundo, formando generaciones de pastores y teólogos. Bavinck demostró que la ortodoxia y la apertura al mundo moderno pueden, en efecto, caminar juntas.