Casi todos hemos sentido alguna vez esa falsa sensación de que todo va a seguir bien solo porque hasta ahora ha ido bien, incluso cuando las señales de alarma ya están por todas partes. Es fácil confundir la ausencia de crisis con la presencia de seguridad.
Pelatías era uno de los líderes del pueblo en Jerusalén, hijo de Benaías, en un tiempo en que la ciudad vivía sitiada por los babilonios y parte del pueblo ya había sido llevada al exilio. Formaba parte de un grupo de veinticinco hombres influyentes vistos por Ezequiel en una visión, junto a la puerta oriental del templo.
Junto con Jazanías, hijo de Azur, Pelatías era conocido por difundir un consejo peligroso: decía que no era momento de construir casas, que la ciudad era como una olla y ellos, dentro de ella, eran la carne protegida del fuego. En la práctica, aseguraba al pueblo que Jerusalén era demasiado segura para caer.
Dios ordenó a Ezequiel que profetizara contra esos líderes. La acusación era grave: habían multiplicado los muertos por las calles de la ciudad y, aun así, se sentían protegidos. La sentencia anunciada fue la espada, el exilio y el juicio en las fronteras de Israel.
Entonces, en medio de la propia profecía, algo interrumpió la escena: Pelatías cayó muerto allí mismo. El hombre que garantizaba seguridad al pueblo fue el primero en experimentar el juicio que él mismo negaba.
Ezequiel cayó rostro en tierra y clamó: “¡Ah, Señor mi Dios! ¿Vas a destruir por completo al remanente de Israel?”. La muerte de Pelatías no trajo alivio al profeta, sino angustia por todo el pueblo.
La respuesta de Dios no fue solo juicio. Poco después, prometió reunir a los exiliados y darles un corazón nuevo, un corazón de carne en lugar del corazón de piedra, y un espíritu nuevo. La vida breve de Pelatías muestra cómo la seguridad que construimos con nuestras propias palabras puede derrumbarse en un instante, y cómo Dios escucha el clamor de quien todavía intercede por el remanente.
La historia de Pelatías termina en pocos versículos, pero deja una pregunta para cualquier líder o cualquier persona: ¿qué sostiene mi confianza hoy, las circunstancias a mi alrededor o la palabra de Dios?