Todo cristiano guarda el recuerdo de alguien que, sin saberlo, ayudó a abrir su camino hacia la fe: un maestro, un predicador de ocasión, una voz que tocó hondo en una noche cualquiera. Para el joven Billy Graham, esa voz fue la de Mordecai Ham.
Mordecai Fowler Ham Jr. nació el 2 de abril de 1877, en una granja del condado de Allen, Kentucky. Provenía de ocho generaciones de predicadores bautistas y, a los 24 años, dejó los negocios de la familia para entrar al ministerio.
A lo largo de más de seis décadas, dirigió cientos de campañas de avivamiento en carpas y tabernáculos temporales por cerca de veinte estados del sur de los Estados Unidos, predicando con vehemencia contra el alcohol, el modernismo teológico y la incredulidad.
En noviembre de 1934, su campaña de once semanas en Charlotte, Carolina del Norte, atrajo multitudes a un tabernáculo improvisado, cubierto de aserrín. Entre los oyentes curiosos estaba un adolescente llamado Billy Graham.
Al escuchar a Ham predicar sobre Romanos 5:8, Graham se arrodilló solo por primera vez para orar, buscando a Dios por su propia cuenta. Décadas después, relataría aquella noche como el inicio de todo lo que su vida y su ministerio llegarían a ser.
La biografía de Ham, sin embargo, no puede contarse solo en tonos de gloria. Desde mediados de la década de 1920, también difundió en sermones y transmisiones de radio teorías conspirativas antisemitas y racistas, una marca grave que los historiadores evangélicos reconocen y lamentan hasta hoy.
A partir de 1936, Ham llevó su predicación regularmente a la radio, alcanzando oyentes mucho más allá de las carpas de avivamiento montadas por el interior estadounidense. Siguió predicando casi hasta el fin de su vida, y murió el 1 de noviembre de 1961, en Louisville, Kentucky, a los 84 años.
Su trayectoria recuerda que Dios puede usar incluso una predicación imperfecta, hecha por un predicador con fallas reales, para plantar una semilla que florece en otra vida, sin que esto borre o justifique el mal que Ham también predicó.