Karl Barth nació en Basilea, Suiza, el 10 de mayo de 1886, hijo de un profesor de teología reformada. Estudió teología en Suiza y Alemania, en Berna, Berlín, Tubinga y Marburgo, bajo maestros de la teología liberal protestante entonces dominante en Europa.
Como joven pastor en Safenwil, entre 1911 y 1921, vio a esa teología liberal fracasar frente a la Primera Guerra Mundial: profesores a quienes admiraba firmaron manifiestos de apoyo al Káiser. La crisis lo llevó a releer las cartas de Pablo con ojos completamente nuevos.
El resultado fue el comentario Carta a los Romanos, publicado en 1919 y casi totalmente reescrito en 1922. En él, Barth rompió con la teología liberal y afirmó la distancia radical entre Dios y el ser humano, superada solamente en Jesucristo.
Se convirtió en profesor en Gotinga, Münster y Bonn. En 1934, redactó casi en solitario la Declaración Teológica de Barmen, documento de la Iglesia Confesante que rechazaba la sumisión de la fe cristiana a la ideología nazi y afirmaba a Jesucristo como la única Palabra de Dios que debía ser oída y obedecida.
En 1935, se negó a jurar lealtad incondicional a Hitler y perdió la cátedra en Bonn. Regresó a Basilea, donde enseñó hasta jubilarse, en 1962, y allí escribió la mayor parte de la monumental Dogmática Eclesiástica, obra que dejó inconclusa.
Su vida personal también tuvo zonas de sombra. Durante décadas, mantuvo una relación afectiva con su asistente Charlotte von Kirschbaum, quien vivió en la casa de la familia, junto a su esposa, Nelly, con quien tuvo cinco hijos. Él definió el arreglo como la solución menos imperfecta, sin resolverlo jamás.
Después de la guerra, la firmeza con que se opuso al nazismo no se repitió frente al comunismo soviético. Se negó a condenar públicamente la represión de la revuelta húngara de 1956, actitud que le valió críticas incluso de aliados cercanos, como el teólogo Reinhold Niebuhr.
Aun así, su legado permanece vivo. La insistencia en que la Iglesia tiene un solo Señor, y que ese señorío no se negocia con ningún poder humano, sigue inspirando a teólogos, pastores y movimientos cristianos en todo el mundo.