Pocos himnos han atravesado tantos siglos e idiomas como “Load al Señor, el Poderoso Rey”. Detrás de él está un joven alemán que, según relatos de su época, entró en una iglesia casi para burlarse del predicador y salió de allí transformado.
Joaquín Neander nació en Bremen en 1650, hijo de un profesor de latín. El apellido de la familia, originalmente Neumann, había sido cambiado por el abuelo a la forma griega Neander, moda común entre los eruditos de aquel tiempo.
Estudió teología en Bremen entre 1666 y 1670, sin gran convicción personal, hasta escuchar una predicación del pastor Teodoro Undereyk que lo marcó profundamente. De ahí en adelante, pasó a buscar la fe con seriedad creciente.
Entre 1671 y 1673 trabajó como preceptor de jóvenes de familias acomodadas, primero en Heidelberg y después en Fráncfort. En ese período en Fráncfort, participó de reuniones de oración lideradas por Felipe Jacobo Spener y Juan Jacobo Schütz, nombres que se convertirían en referencia del movimiento pietista alemán.
En 1674 se convirtió en rector de la escuela latina reformada de Düsseldorf, cargo que unía enseñanza y predicación. En los años siguientes, pasó a retirarse con frecuencia al valle del río Düssel, entre rocas y grutas, donde escribía y cantaba sus himnos.
Su celo personal, sin embargo, lo llevó a excesos: organizó reuniones de oración paralelas a las de la iglesia, se apartó de la Cena por considerar indignos a los demás miembros y alteró por su cuenta el calendario escolar. El consejo de la iglesia de Düsseldorf lo apartó del cargo en 1676 y prohibió su predicación, hasta que firmó una retractación pública en febrero de 1677.
Rehabilitado, Neander se trasladó en 1679 a Bremen como pastor auxiliar de la iglesia de San Martín, ciudad donde había estudiado de joven. Allí, sin embargo, vivió poco tiempo: murió de tuberculosis el 31 de mayo de 1680, a los treinta años.
Ese mismo año se publicó su colección de himnos, que reunía cerca de sesenta composiciones, muchas con melodía propia. Entre ellas está “Lobe den Herren”, inspirado en los Salmos 103 y 150, hoy conocido en español como “Load al Señor, el Poderoso Rey”.
El valle donde caminaba y oraba recibió después su nombre, Neandertal, y allí, siglos más tarde, fueron encontrados los fósiles del hombre de Neandertal. Más que esa curiosidad, su legado permanece vivo cada vez que una congregación, en cualquier idioma, entona su invitación a bendecir al Señor con toda el alma.