Jacques Ellul nació en Burdeos, Francia, el 6 de enero de 1912, en una familia pobre y de orígenes diversos: padre nacido en Malta, de ascendencia italiana y serbia, madre franco-portuguesa. A los diecinueve años leyó El Capital, de Marx, y llegó a acercarse al Partido Comunista, en busca de respuestas para el sufrimiento humano.
En 1932, leyendo el capítulo 8 de la Carta a los Romanos, vivió una conversión que describió como brutal y repentina. Dijo que allí la Biblia le dio algo que las explicaciones de Marx sobre la sociedad no le daban. Se convirtió en miembro laico de la Iglesia Reformada de Francia.
Se graduó en Derecho por la Universidad de Burdeos y se doctoró en 1936. Enseñó en las facultades de Montpellier, Estrasburgo y Clermont-Ferrand. Se casó con Yvette en 1937 y tuvo cuatro hijos. En 1940, una ley del gobierno de Vichy apartaba del servicio público a los profesores cuyo padre no fuera francés de nacimiento, y Ellul quedó comprendido en ella porque su padre había nacido en Malta. Perdió la cátedra y se retiró a una propiedad rural en Martres.
Allí, durante la ocupación nazi, ayudó a judíos y otros perseguidos a huir, con documentos falsos y paso hacia zonas más seguras, dentro de una red clandestina ligada a protestantes locales. Décadas después, en 2001, el instituto Yad Vashem lo reconoció, junto a compañeros de esa red, como Justo entre las Naciones.
En la Liberación, en 1944, llegó a servir por algunos meses como viceprefecto de Burdeos, pero se decepcionó con los límites reales del poder político y abandonó definitivamente esa vía, dedicándose a la docencia y la escritura. Enseñó Historia y Sociología de las Instituciones en la Universidad de Burdeos hasta jubilarse, en 1980. Escribió más de cincuenta libros y cientos de artículos, muchos de ellos dedicados a mostrar cómo la técnica moderna moldea al hombre más de lo que el hombre la moldea a ella.
Su obra transitaba por dos vías que él dejaba deliberadamente separadas: el análisis sociológico, duro y a veces sombrío sobre la técnica y la propaganda, y la reflexión teológica, orientada a la esperanza y la libertad en Cristo. Críticos como Christopher Lasch lo acusaron de determinismo tecnológico y de un pesimismo sin salida, lectura que el propio Ellul consideraba incompleta, ya que sus textos teológicos apuntaban al compromiso y la esperanza.
También se involucró en causas concretas: presidió durante casi veinte años un club de prevención de la delincuencia juvenil y presidió, entre 1977 y 1979, el comité de defensa de la costa de Aquitania contra la especulación inmobiliaria. Murió en Pessac, cerca de Burdeos, el 19 de mayo de 1994, tres años después de la muerte de Yvette, su esposa.
Su advertencia sobre la técnica que se convierte en un fin en sí misma sigue interpelando a los cristianos que viven y sirven en un mundo cada vez más moldeado por sistemas automatizados y eficientes, recordando que la libertad humana solo se sostiene cuando es conscientemente elegida y vivida.