Toda persona que alguna vez intentó hacer algo importante conoce la voz que se ríe por lo bajo del proyecto antes incluso de que comience. No es un enemigo declarado, es alguien que insinúa, cuestiona, sugiere que quizás sea mejor conversar en otro lugar. Guesem, el árabe, fue esa voz en la vida de Nehemías.
Aparece por primera vez junto a Sambalat, gobernador de Samaria, y Tobías, oficial amonita, riéndose del plan de reconstruir el muro de Jerusalén (Nehemías 2:19). Los tres representaban potencias vecinas que no querían ver a Judá fortalecido otra vez.
Cuando la burla no detuvo la obra, la oposición creció. Árabes, amonitas y hombres de Asdod unieron fuerzas, furiosos al ver que las brechas del muro se estaban cerrando (Nehemías 4:7). La amenaza de un ataque armado comenzó a rondar a los trabajadores.
Con el muro casi terminado, faltando solo las puertas, Guesem cambió la fuerza por la trampa. Él y Sambalat invitaron a Nehemías a un encuentro en la llanura de Ono (Nehemías 6:2). Cuatro veces llegó la invitación, cuatro veces Nehemías se negó: «Estoy realizando una gran obra y no puedo bajar» (Nehemías 6:3).
Frustrado, Guesem prestó su nombre a una carta abierta, sin sello, para que cualquiera la leyera, acusando a Nehemías de planear una rebelión contra el propio rey persa (Nehemías 6:6). Era una mentira construida para difundir miedo y paralizar el proyecto por medio de la desconfianza política.
Nehemías respondió sin rodeos: «Nada de lo que dices está sucediendo; es pura invención tuya» (Nehemías 6:8), y volvió al trabajo. El muro fue terminado.
Guesem nunca lanzó una flecha ni subió a un andamio contra Jerusalén. Usó lo que suele ser más eficaz contra quien sirve a Dios: la invitación seductora para abandonar el puesto y el rumor bien plantado para minar la confianza. Es la misma táctica que todavía hoy intenta desviar a quien está en medio de una obra que importa.
La historia no celebra a Guesem, celebra la negativa de Nehemías a bajar del muro. Queda la pregunta para quien lee: cuando la voz de la comodidad o de la calumnia llega bien envuelta, ¿qué sostiene la decisión de continuar?