Ed McCully tenía un futuro brillante por delante: buen orador, atleta y presidente de su clase en Wheaton College, se encaminaba hacia una carrera de abogado en Estados Unidos. Pocos habrían esperado que un día cambiara todo esto por la selva amazónica.
Nacido en Des Moines, Iowa, en 1927, creció en Milwaukee, hijo de un ejecutivo de panadería que también era líder de iglesia entre los Hermanos de Plymouth. Se graduó en administración y economía en Wheaton, donde entabló amistad con otro estudiante, Jim Elliot.
Matriculado en la Facultad de Derecho de la Universidad Marquette, parecía destinado a la abogacía. Sin embargo, trabajando como recepcionista nocturno de hotel, releyó el libro de Nehemías e intercambió cartas con Elliot, quien ya se preparaba para ir a Ecuador.
En la víspera de su segundo año de derecho, el 22 de septiembre de 1950, anunció que no volvería a clases. Le escribió a Elliot que tenía un único deseo: vivir en total abandono al Señor, dedicando a ello toda su energía.
Se casó con Marilou Hobolth el 29 de junio de 1951 y, en ese mismo período, estudió nociones de odontología y obstetricia en la School of Missionary Medicine, en Los Ángeles, para atender necesidades básicas en el campo misionero. En diciembre de 1952, embarcó junto con su esposa y su hijo pequeño rumbo a Ecuador.
La familia sirvió entre los quechuas en las estaciones de Shandia y Arajuno, en la selva amazónica ecuatoriana. Allí enfrentó aislamiento, enfermedades tropicales y la reconstrucción de la estación de Shandia después de una inundación, pruebas comunes a la rutina misionera de aquel tiempo.
En 1955, se unió a Jim Elliot, Nate Saint, Pete Fleming y Roger Youderian en un plan de contacto pacífico con los huaorani, pueblo aislado y temido por su violencia. El grupo llevaba pistolas, pero había acordado no usarlas para matar, incluso bajo ataque. La operación se desarrolló en secreto y sin aval formal de las agencias que apoyaban a los misioneros, quienes ya conocían el riesgo: diez años antes, los huaorani habían matado a otros misioneros que intentaron acercarse. Esa decisión de arriesgar la vida, dejando esposas e hijos pequeños, todavía hoy divide opiniones entre quienes reconstruyen el episodio.
El 8 de enero de 1956, McCully y los otros cuatro fueron muertos a lanzazos a orillas del río Curaray. Marilou, embarazada del tercer hijo de la pareja, quedó viuda con dos niños pequeños. La historia del grupo, contada por Elisabeth Elliot en Through Gates of Splendor, sigue despertando en jóvenes de todo el mundo la disposición de dejarlo todo por pueblos que aún no han oído hablar de Cristo.