Catherine Mumford nació el 17 de enero de 1829 en Ashbourne, Inglaterra, hija de padres metodistas rigurosos. Enferma desde la infancia por problemas en la columna, pasó buena parte de la adolescencia leyendo y estudiando en casa, lo que forjó en ella una fe reflexiva y una disciplina de lectura poco común para una mujer de la época.
A los 22 años conoció a William Booth, predicador metodista también marcado por reformas en la iglesia. Se casaron en 1855 y decidieron vivir con sencillez para dedicar recursos al ministerio. Catherine comenzó a apoyar a William entre bastidores, pero pronto descubrió un llamado propio para predicar.
En 1859 publicó el folleto Female Ministry: Woman’s Right to Preach the Gospel, en defensa del derecho bíblico de las mujeres a predicar el evangelio. El texto respondía a las críticas contra la predicadora estadounidense Phoebe Palmer y se convirtió en un hito de la teología evangélica sobre el ministerio femenino.
En enero de 1860, poco después del nacimiento del cuarto hijo del matrimonio, pidió decir unas palabras durante un culto en Gateshead. William la presentó a la congregación esa misma noche, y Catherine descubrió, predicando, un don que muchos contemporáneos consideraban superior al de su propio esposo.
En 1865 el matrimonio fundó en Londres el Misión Cristiana entre los más pobres del barrio de Whitechapel. William evangelizaba en las calles, Catherine buscaba apoyo financiero entre familias adineradas. En 1878 la misión se convirtió en el Ejército de Salvación, con una estructura organizada al estilo militar.
Catherine ayudó a diseñar símbolos, uniformes y doctrinas de la nueva organización, y por eso fue conocida como la Madre del Ejército de Salvación. Aun así, la institución que ayudó a levantar tardó en igualar salarios y comisiones entre oficiales hombres y mujeres, un contraste que su propia defensa de la predicación femenina no bastó para resolver.
Escribió además Practical Religion (1878), Aggressive Christianity (1883) y Popular Christianity (1887), colecciones de sermones que formaron a generaciones de predicadores laicos. Sostuvo ese ritmo de predicación y escritura incluso con una salud frágil desde la juventud, negándose a bajar el ritmo pese a las advertencias médicas.
Murió de cáncer de mama el 4 de octubre de 1890, en Clacton-on-Sea, a los 61 años. Fue sepultada junto a William en el cementerio de Abney Park, en Londres. Su defensa de la predicación femenina sigue siendo citada cada vez que las iglesias debaten el lugar de la mujer en el ministerio.