Sabá fue un antiguo reino del sur de Arabia, en la región que hoy corresponde a Yemen, famoso por el comercio de oro, piedras preciosas y especias aromáticas como el incienso y la mirra.
La Biblia no narra ningún acontecimiento dentro de Sabá. El lugar aparece siempre como punto de origen: de una reina, de mercaderes, de riquezas enviadas a otras tierras.
El episodio más conocido es el viaje de la reina de Sabá a Jerusalén, atraída por la fama de la sabiduría de Salomón. Ella llegó allí con una enorme caravana de especias, oro y piedras preciosas (1 Reyes 10:1-2).
Génesis menciona el nombre Sabá dos veces en genealogías antiguas, vinculándolo tanto a descendientes de Cam como de Sem (Génesis 10:7,28). Esto muestra que la región ya era conocida por los pueblos bíblicos desde tiempos tempranos.
Profetas y salmistas citan a Sabá como símbolo de riqueza distante que un día reconocería al Dios de Israel, trayendo oro, incienso y presentes (Salmos 72:10; Isaías 60:6).
Jesús usa a la reina de Sabá como ejemplo para reprender a su generación: ella vino de los confines de la tierra para escuchar a Salomón, pero allí estaba alguien mayor que él (Mateo 12:42).
