Después de que diez plagas devastaran Egipto, el faraón finalmente dejó partir a Israel. Moisés condujo al pueblo hasta la orilla del mar Rojo, pero el faraón cambió de parecer y salió en persecución con sus carros de guerra.
Acorralado entre el mar y el ejército egipcio, el pueblo tuvo miedo y se quejó a Moisés. Dios entonces envió un fuerte viento que abrió un camino en tierra seca en medio de las aguas.
Los israelitas cruzaron a salvo, con paredes de agua a ambos lados. Cuando los egipcios intentaron seguir el mismo camino, las aguas regresaron y ahogaron a todo el ejército del faraón.
En la otra orilla, Moisés y el pueblo entonaron un cántico de alabanza por la victoria, y Miriam guio a las mujeres en danza y música. El episodio se convirtió en el mayor símbolo de liberación de toda la Biblia, recordado en salmos y citado en el Nuevo Testamento como ejemplo de fe.
Siglos después, profetas y salmistas volvieron a ese momento para recordar al pueblo el poder y la fidelidad de Dios.
