Hazor se ubicaba al norte de Canaán, en una posición estratégica entre Mesopotamia y Egipto. Según el libro de Josué, era la capital de todos los reinos cananeos de aquella región.
Allí fue donde Josué enfrentó a la mayor coalición de reyes reunida contra Israel. Después de la victoria, regresó, conquistó la ciudad y la incendió, algo que no hizo con ninguna otra ciudad construida sobre las colinas.
Siglos después, un rey llamado Jabín volvió a reinar en Hazor y oprimió a Israel durante veinte años, hasta ser sometido con la ayuda de Débora y Barac.
Salomón reconstruyó y fortificó Hazor como parte de sus grandes obras reales, junto a Meguido y Guézer, señal de la fuerza y la organización del reino unido.
Al final, Hazor cayó ante el imperio asirio, y su pueblo fue deportado. Un recordatorio de que ninguna fortaleza humana resiste el juicio de Dios cuando el pacto se quebranta.
