Gaza era una de las cinco ciudades estado de los filisteos, junto a Asdod, Ascalón, Gat y Ecrón. Se encontraba en la costa del Mediterráneo, en el punto donde se cruzaban las rutas comerciales entre Egipto y Siria.
Su nombre, que significa “fuerte”, coincidía con su fama de ciudad fortificada. Josué registró que, incluso después de la conquista de Canaán, algunos de los antiguos anaceos todavía vivían allí.
Es en Gaza donde ocurre el capítulo más sombrío y a la vez más glorioso de la vida de Sansón. Allí se expuso en una debilidad personal y, más tarde, ciego y humillado por los filisteos, encontró en las columnas del templo de Dagón el escenario de su última victoria.
Siglos después, los profetas Amós y Sofonías anunciarían juicio sobre Gaza. Y fue en el camino que descendía de Jerusalén a Gaza donde Felipe encontró al eunuco etíope, un encuentro que ayudó a llevar el evangelio al continente africano.
La historia de Gaza muestra que Dios actúa incluso en los lugares más fortificados y más duros, revelando allí su justicia y también su gracia.
