El bosque de Efraín fue el escenario de la batalla decisiva de la guerra civil entre el rey David y su hijo Absalón, quien se había rebelado contra su padre e intentado tomar el trono de Israel.
A pesar del nombre, el bosque estaba al este del río Jordán, en la región accidentada de Galaad, cerca de Mahanaim, donde David se había refugiado. Según antiguos comentaristas, quizás recibió ese nombre en memoria de la matanza de efraimitas ocurrida allí en los días del juez Jefté, aunque el origen exacto del nombre es incierto, y no porque perteneciera al territorio de la tribu de Efraín.
El día de la batalla, el terreno difícil, lleno de barrancos y maleza espesa, mató a más soldados que la espada. El ejército de Absalón fue derrotado y veinte mil hombres murieron.
Fue allí donde Absalón, huyendo montado en una mula, quedó atrapado por los cabellos en las ramas de una encina y fue muerto por Joab, general de David, contrariando la orden expresa del rey de que fuera tratado con bondad.
El bosque de Efraín recuerda que la rebelión contra la autoridad establecida por Dios tiene un precio alto, y que la justicia y la misericordia de Dios caminan juntas incluso en los momentos más dolorosos de la historia de una familia.
