La era era el terreno plano donde se trillaba el trigo, separando el grano de la paja. La era de Arauna estaba en lo alto de una colina en Jerusalén, perteneciente a un jebuseo llamado Arauna.
David pecó al ordenar un censo del pueblo, y una plaga azotó a Israel como juicio. Cuando el ángel del Señor se acercaba a Jerusalén para destruirla, Dios ordenó que se detuviera justamente allí, junto a la era de Arauna.
El profeta Gad instruyó a David a levantar un altar en aquel lugar. Arauna se ofreció a dar el terreno y los animales de forma gratuita, pero David insistió en pagar el precio justo, pues no quería ofrecer al Señor algo que no le costara nada.
David construyó el altar, ofreció sacrificios, y el Señor respondió con fuego venido del cielo. La plaga cesó. Pocos años después, Salomón eligió el mismo terreno, el monte Moriah, para construir el templo del Señor.
El episodio muestra cómo Dios transforma un lugar de juicio en lugar de adoración, y cómo un acto de obediencia de David preparó el terreno para el centro de la fe de Israel.
