Colosas estaba ubicada en el valle del río Lico, en la región de Frigia, en el Asia Menor romana, cerca de Laodicea y Hierápolis. Fue una ciudad importante en una antigua ruta comercial, conocida por un tejido de lana teñido de rojo oscuro.
En tiempos de Pablo, sin embargo, Colosas ya era una ciudad menor, eclipsada por sus vecinas. Pablo nunca estuvo allí personalmente: la iglesia fue fundada por Epafras, natural de la región, que probablemente había oído el evangelio durante el largo ministerio de Pablo en Éfeso.
Probablemente durante su prisión en Roma, Pablo recibió noticias de Epafras sobre enseñanzas extrañas que amenazaban a la iglesia de Colosas, una mezcla de reglas religiosas, filosofía humana y culto a los ángeles. En respuesta, escribió la carta a los Colosenses, afirmando la supremacía de Cristo sobre todas las cosas.
La misma prisión dio origen a otra carta ligada a Colosas: la carta a Filemón, sobre el esclavo Onésimo, que había huido de allí y se convirtió junto a Pablo. Colosas entra en la historia bíblica no por un episodio narrado en el lugar, sino por las cartas que moldearon la fe de quienes vivían allí.
