Anatot fue una pequeña ciudad sacerdotal en el territorio de Benjamín, pocos kilómetros al norte de Jerusalén. En la división de la tierra prometida, fue apartada como ciudad levítica, reservada a los descendientes de Aarón para vivir y servir como sacerdotes.
Su fama bíblica proviene sobre todo de un hombre: el profeta Jeremías, hijo de Hilcías, creció allí como sacerdote antes de ser llamado por Dios para anunciar el juicio y la esperanza de Judá.
La propia ciudad natal se volvió contra el profeta. Los hombres de Anatot conspiraron para matarlo, irritados por sus palabras duras. Aun así, fue allí donde Jeremías compró un campo de su primo Hananeel, un gesto profético de esperanza en medio del asedio babilónico a Jerusalén.
Anatot también aparece en otros momentos de la historia de Israel. El sacerdote Abiatar fue exiliado allí por Salomón, dos de los valientes guerreros de David vinieron de la ciudad, e Isaías menciona su nombre en una profecía sobre el avance del ejército asirio.
El lugar muestra cómo Dios llama a personas comunes, de ciudades pequeñas, para cumplir propósitos que atraviesan generaciones.
