2 Juan es una de las cartas más breves de toda la Biblia, pero lleva un mensaje que la iglesia nunca puede olvidar: verdad y amor caminan siempre juntos.
El autor se presenta solo como “el presbítero”, casi con certeza el apóstol Juan en sus últimos años de vida. Escribe a una señora elegida y a sus hijos, personas a quienes ama de verdad en la fe.
Esa señora puede ser una cristiana real, conocida personalmente por el apóstol. También puede ser una forma cariñosa de referirse a una iglesia local y a sus miembros. De cualquier modo, el cuidado pastoral de Juan se transparenta en cada línea.
Al comienzo, Juan se alegra al saber que los hijos de esa señora viven en la verdad. Luego renueva un mandamiento que la iglesia ya conocía desde el principio: que todos se amen unos a otros.
Para Juan, ese amor no es solo sentimiento. Amar de verdad significa obedecer los mandamientos de Dios, poniendo en práctica cada día lo que se profesa en la fe.
La carta se vuelve entonces hacia un peligro real. Falsos maestros andaban negando que Jesucristo había venido en carne, y Juan los llama engañadores y anticristos.
Por eso, orienta a la iglesia a no recibir en casa ni saludar a quien difunde esa enseñanza. Es un cuidado firme para proteger la comunión en la verdad que une a los cristianos.
Juan termina la carta con la esperanza de visitar a la señora elegida personalmente, prefiriendo una conversación cara a cara antes que más palabras escritas en papel. Los hijos de su hermana elegida envían saludos.
Lee esta pequeña carta y descubre cómo un mensaje breve puede reafirmar lo más esencial de la fe cristiana: vivir en la verdad y amar de verdad.