Pueblo no alcanzado Frontera
Los queyu, también llamados choyo, son un pueblo de las tierras altas del oeste de la provincia de Sichuan, en China. Viven en tres condados de la Prefectura Autónoma Tibetana de Garze: Xinlong, Yajiang y Litang. Es una región de valles profundos, ríos y altiplanos elevados, en la antigua área cultural de Kham.
Aunque oficialmente se los cuenta como tibetanos, los queyu hablan una lengua propia, de la rama sino-tibetana, más cercana a la familia qiang que al tibetano. Esa lengua es el corazón de su identidad y lo que los distingue de quienes los rodean.
Detrás de la clasificación oficial hay un pueblo con memoria e identidad propias, que no cabe entero en la etiqueta de tibetano. La lengua, las canciones y las costumbres familiares sostienen el recuerdo de quiénes son, y cada generación está llamada a transmitirlos a la siguiente.
Los queyu viven desde hace mucho tiempo en el oeste de Sichuan, una tierra de paso entre el mundo tibetano y el mundo qiang. Su lengua conserva rasgos de esa herencia compartida, y por eso los estudiosos la sitúan entre las lenguas qiánicas y no entre las tibéticas. Durante siglos la zona formó parte de Kham, el territorio tibetano oriental, y la vida de las comunidades giró en torno a los valles y los monasterios.
En la década de 1950, la región fue incorporada a China, y desde entonces los queyu están clasificados oficialmente como parte de la nacionalidad tibetana. Esa clasificación reconoce poco su identidad propia, y el pueblo sigue siendo poco conocido fuera de su región.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
China No alcanzado
|
100%
|
11.000 |
Los queyu viven en comunidades de aldea en los valles y laderas de Garze, donde el parentesco y la vecindad organizan la vida diaria. En casa hablan la lengua queyu, y por ella pasan de generación en generación las historias, las canciones y la memoria de la familia.
Muchos hombres procuran ingresar en los monasterios budistas tibetanos, lo cual es motivo de honra para la familia e influye en el ritmo de crecimiento del pueblo. La lengua tiene pocos hablantes y está poco estudiada, de modo que los niños que crecen en contacto con otras lenguas corren el riesgo de perderla. Aun así, la identidad queyu sigue viva en los lazos familiares y en el sentimiento de pertenecer a un pueblo propio.
La fe de los queyu es el budismo tibetano, heredado de la época en que la región pertenecía a Kham. Los monasterios ocupan un lugar central en la vida religiosa, y muchos hombres desean ingresar en la vida monástica, algo que se ve como honra para la familia. Las oraciones, las ofrendas y las peregrinaciones forman parte del día a día de quienes viven el budismo tibetano en esta región.
Para los queyu, creer y pertenecer van juntos: la religión es parte de lo que significa ser de su pueblo y de su familia. Por eso, considerar otra fe suele verse como alejarse de la comunidad. Prácticamente no hay cristianos entre ellos, y el nombre de Cristo es poco conocido.
La lengua queyu está poco estudiada, y la mayoría de los queyu solo tiene acceso a la Palabra, cuando lo tiene, en lenguas que no son las del corazón. Se sabe que se inició una traducción, pero no hay porciones ampliamente disponibles conocidas. Como la lengua se habla sobre todo en casa y en la aldea, las historias, las canciones y las grabaciones en su propia lengua probablemente serán un camino natural para que la Escritura llegue a las familias.
Un pueblo solo entiende de verdad el evangelio cuando lo escucha en la lengua de su corazón. Vea en qué etapa está la traducción.
Datos de traducción: Joshua Project.
Para los queyu, ser del pueblo y ser budista van juntos, y los monasterios están en el centro de la vida religiosa. Prácticamente no hay cristianos entre ellos, y pocos han tenido la oportunidad de oír el nombre de Cristo. La traducción de la Escritura está aún en sus primeros pasos, y la lengua cuenta con pocos recursos escritos. Como el pueblo se cuenta como tibetano, su identidad propia pasa inadvertida, y se prepara poco material para él.
Los queyu necesitan que su lengua y su cultura sean valoradas y preservadas, sobre todo entre los jóvenes, que crecen rodeados de otras lenguas. Necesitan también ser reconocidos como pueblo con identidad propia y contar con un futuro estable para sus aldeas y familias, para que puedan permanecer unidas y transmitir a sus hijos lo que recibieron de sus padres.
Espiritualmente, necesitan conocer a Jesús y la vida abundante que él ofrece, oír la Palabra en su propia lengua y tener comunidades de fe donde puedan crecer sin abandonar a su pueblo.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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