Pueblo no alcanzado Frontera
Los mpi son un pueblo pequeño del norte de Tailandia, reunido en dos aldeas: Ban Dong, en la provincia de Phrae, y Ban Sakoen, en la provincia de Nan. Guardan la memoria de un origen lejano, ligado a Yunnan, en el sur de China.
Conviven de cerca con sus vecinos tailandeses del norte, cuya lengua muchos hablan con fluidez, y participan en la vida regional sin sentirse extraños. Lo más propio que tienen es su idioma, de la familia tibetano-birmana, muy distinto del que los rodea.
Esa lengua es hoy el hilo más delicado de su identidad. Solo cerca de la mitad del pueblo todavía la habla. En Ban Dong, los niños por lo general la entienden, pero ya no la hablan, y en Ban Sakoen quedan poquísimos hablantes. Ser mpi es, cada vez más, llevar una historia propia dentro de una vida común con la de los vecinos.
Los mpi cuentan que sus antepasados vinieron de Yunnan, en el sur de China, y huyeron a Laos hace unos dos o tres siglos. Más tarde, en tiempos de guerra, fueron capturados y llevados al territorio que hoy es Tailandia, donde se establecieron.
Las aldeas guardan versiones algo distintas de esta memoria. En Ban Sakoen se dice que los antepasados llegaron como cautivos de guerra. En Ban Dong se recuerda a hombres traídos para cuidar de los elefantes al servicio de los príncipes de Phrae. En ambos relatos, el pueblo echó raíces lejos de su lugar de origen y, con el tiempo, se fue acercando al modo de vida del norte tailandés.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Tailandia No alcanzado
|
100%
|
1.600 |
El sustento viene sobre todo del cultivo de arroz. Sin embargo, muchos mpi trabajan también en fábricas o en las ciudades cercanas, y algunas familias hacen escobas para vender. Hay quienes ocupan funciones de liderazgo en las comunidades, y el trabajo fuera de la aldea convive con las labores del campo a lo largo del año.
En lo cotidiano, los mpi viven integrados al norte tailandés, y las comunidades mantienen lazos y matrimonios entre sí. La vida religiosa cabe en ese mismo ritmo de cada día, con ofrendas hechas por la mañana en los altares de las casas. Lo que los hace únicos aparece en las conversaciones en familia, cuando la lengua mpi todavía circula, sobre todo en Ban Dong.
La mayoría es devota del budismo, y la fe se mezcla con creencias animistas muy vivas. Los mpi honran a los antepasados y mantienen altares en las casas, donde hacen ofrendas cada mañana. También veneran a Chao Fa, espíritu guardián de la aldea y del hogar, a quien las familias recurren con respeto.
Junto a esta devoción, existe el temor a los espíritus de la tierra y a las fuerzas malignas, de las cuales hay que protegerse. Estas prácticas unen a la familia con quienes vinieron antes y dan una sensación de protección en medio de las incertidumbres de la vida. Por eso, cambiar de fe puede sonar como alejarse del propio hogar y de los antepasados.
Existen porciones bíblicas en la lengua mpi, pero todavía no hay el Nuevo Testamento ni la Biblia completa. Como la lengua pierde hablantes entre los más jóvenes, el camino de la Palabra pasa también por el tailandés, idioma que muchos dominan. Aun así, oír las Escrituras en la lengua del corazón, la que las familias usan entre sí, tiene un peso que ninguna otra lengua sustituye. Los materiales hablados y grabados pueden ser especialmente valiosos para un pueblo pequeño y con un idioma en riesgo, pues pasan con facilidad de una generación a otra dentro de las casas.
Un pueblo solo entiende de verdad el evangelio cuando lo escucha en la lengua de su corazón. Vea en qué etapa está la traducción.
Datos de traducción: Joshua Project.
Para los mpi, el budismo y el culto a los antepasados forman parte de la vida de la familia y de la aldea, de modo que seguir otro camino puede parecer una ruptura con los propios padres. Por ser pocos y vivir en solo dos aldeas, casi no hay testimonio cristiano cerca, y rara vez alguien les ha explicado el evangelio de una manera que tenga sentido para ellos. Como conviven con los vecinos tailandeses, pasan fácilmente inadvertidos, y su lengua y su necesidad propia son poco conocidas fuera de las aldeas.
El pueblo necesita personas dispuestas a conocerlo de cerca, aprender su lengua y vivir entre ellos con humildad, pues todavía no existe una comunidad de fe mpi. Hay también la necesidad de preservar la lengua y la memoria, hoy amenazadas, en un tiempo en que muchos se van a trabajar a las ciudades.
En el plano espiritual, las familias conviven con el temor a los espíritus y buscan protección. El evangelio ofrece una respuesta a ese miedo y una esperanza mayor que los rituales de cada mañana, y los mpi necesitan oírlo con palabras que entiendan.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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