Pueblo no alcanzado
Los luwu son un pueblo del norte de la provincia de Célebes Meridional, en Indonesia. Viven principalmente en la franja noroeste del litoral, cerca del río Kalaena y del golfo de Bone, en los distritos de Luwu y Luwu Septentrional, y también en el valle del río Rongkong y en comunidades del distrito de Luwu Oriental.
Conservan una identidad propia, ligada a la memoria de uno de los reinos más antiguos de la isla. Para muchos luwu, el nombre del pueblo evoca una herencia de tradición, de hierro trabajado y de comercio que moldeó la región durante siglos.
Su lengua materna es el tae’, de familia austronesia y con tradición escrita. La vida de las aldeas gira en torno a la familia extensa, al respeto a los mayores y al trabajo de la tierra. Son conocidos por las casas y los graneros de arroz ricamente tallados, que expresan el cuidado artístico y el orgullo de sus familias.
La tradición reconoce al Reino de Luwu como el más antiguo de Célebes Meridional. Su riqueza venía del hierro: el mineral se trabajaba en la llanura costera de Malangke, y las herramientas y armas producidas llegaban por intercambio hasta las tierras bajas de cultivo de arroz. Con el tiempo, su poder disminuyó frente a los reinos vecinos, y la capital terminó trasladándose a Palopo.
En 1605, el soberano de Luwu fue el primer gobernante de Célebes Meridional en abrazar el islam. Desde entonces la fe musulmana y la identidad del pueblo caminan juntas. La memoria de los datus, los soberanos de Luwu, sigue siendo un símbolo vivo de la historia del pueblo.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Indonesia No alcanzado
|
100%
|
339.000 |
La mayoría de las familias vive de la agricultura. Cultivan arroz, maíz, maní, pimienta, yuca y papa, y muchos plantan café y clavo para vender. El búfalo de agua sigue siendo el compañero del arado en gran parte de los campos.
Las aldeas son pequeñas, en colinas o llanuras, y suelen reunir familias extensas bajo el mismo techo o en la misma vecindad. Valoran la diligencia, el honor a los mayores y la prioridad de las necesidades de la familia. Los matrimonios eran tradicionalmente arreglados por los padres, pero hoy los jóvenes con frecuencia eligen a su cónyuge. La adopción de niños por parientes o amigos es común y muestra cuánto forma parte de lo cotidiano el cuidado del otro. Los ritos funerarios tienen gran importancia, y su magnitud depende de la posición y de los recursos de la familia.
Los luwu siguen el islam suní desde la conversión de sus gobernantes, y la fe está entrelazada con la historia del reino y con el sentimiento de pertenecer al pueblo. La mezquita, las fiestas del calendario musulmán y las oraciones marcan el ritmo de la vida de pueblos y ciudades.
Junto al islam, permanecen prácticas heredadas de una religiosidad más antigua, de carácter animista, que aún marcan buena parte de la cultura. En muchas familias esas tradiciones conviven con la devoción musulmana sin que se perciba conflicto. Por eso, ser luwu y ser musulmán suele parecer, para la propia comunidad, una sola cosa.
En la lengua tae’ existen apenas porciones de las Escrituras: el Nuevo Testamento y la Biblia completa aún no están disponibles. Hay, sin embargo, recursos que ayudan a que la Palabra llegue a quienes no leen con facilidad, como grabaciones en audio y una película sobre la vida de Jesús en su lengua. Como el tae’ tiene tradición escrita, la traducción completa y los materiales accesibles en la lengua del corazón siguen siendo un paso decisivo.
Un pueblo solo entiende de verdad el evangelio cuando lo escucha en la lengua de su corazón. Vea en qué etapa está la traducción.
Datos de traducción: Joshua Project.
Para la mayoría de los luwu, el islam es parte de la herencia del reino y de la identidad familiar, de modo que seguir otra fe puede sentirse como un alejamiento del propio pueblo. No se conoce entre ellos una labor activa de plantación de iglesias, y es muy raro que un luwu conozca personalmente a un cristiano que hable su lengua. A esto se suma la escasez de Escrituras en tae’, lo que dificulta que alguien oiga el evangelio con claridad y en la lengua del corazón.
Muchas familias dependen de la labranza y se beneficiarían de métodos de cultivo más modernos y productivos, que mejoren la cosecha y los ingresos. También hace falta apoyo a la educación y a la alfabetización en la lengua materna, para que las nuevas generaciones puedan leer y aprender con dignidad.
En lo espiritual, el mayor vacío es la falta de una comunidad de fe que viva y anuncie a Jesús entre los luwu, en su propia lengua y cultura. Necesitan amigos fieles, Escrituras completas y un discipulado que respete su historia.
Ya existen recursos en la lengua tae’ que apuntan a Jesús: una película sobre la vida de Cristo y grabaciones en audio de las Escrituras. Son semillas preciosas, que pueden llegar a hogares donde todavía no hay iglesia, y abren camino para que la Palabra sea escuchada y comprendida por quienes prefieren oír a leer.
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