Darren Barefoot - Flickr, CC BY-NC 2.0, via Joshua Project
Pueblo no alcanzado Frontera
Los judíos malteses forman una de las comunidades más discretas del Mediterráneo: una pequeña familia de fe y de memoria en el archipiélago de Malta, donde la vida judía se mantiene desde hace siglos, a veces floreciendo, a veces casi desapareciendo. Hablan maltés, la lengua semítica de las islas, y viven en medio de una sociedad de fuerte tradición católica, con la que comparten lo cotidiano, la escuela y el trabajo.
Su identidad se apoya en tres pilares: la Torá, el calendario de fiestas y el cuidado de unos por otros. La comunidad está formada tanto por familias de larga raíz en las islas como por judíos llegados de otras partes de Europa y del norte de África, que se establecieron allí con el paso del tiempo. Por ser tan reducida, cada generación carga con la responsabilidad de transmitir a la siguiente la sinagoga, las oraciones y las historias de los antepasados.
Hoy se reúnen en torno a una sinagoga en la región de la capital, que es el corazón de su vida religiosa y social. Su presencia recuerda que las islas siempre fueron un punto de encuentro de pueblos, lenguas y fes.
La presencia judía en Malta es antigua y dejó huellas en las islas a lo largo de muchos siglos. Sin embargo, en 1492 los judíos fueron expulsados, y durante más de tres siglos la vida judía organizada prácticamente dejó de existir.
La comunidad solo volvió a establecerse con el período británico, a partir de principios del siglo XIX. En 1846 se invitó a un rabino de Trípoli para servir a la congregación, y la sinagoga de La Valeta pasó a ser el centro de la vida común. A finales del siglo XX, la antigua sede fue reemplazada por una nueva sinagoga en Ta' Xbiex, cerca de la capital, que hoy alberga la vida religiosa y social del grupo.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Malta No alcanzado
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100%
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100 |
La vida del judío maltés se divide entre dos pertenencias: la sociedad de las islas, con su lengua, su clima y sus fiestas locales, y la comunidad judía, con su ritmo propio. Muchos trabajan en profesiones comunes, como el comercio, los servicios y las profesiones liberales, y conviven de forma pacífica con vecinos de mayoría católica. Las familias son la base de la transmisión de la fe, y los matrimonios dentro de la comunidad son valorados, aunque el número reducido vuelve delicada la elección.
El calendario organiza el año: el shabat semanal, las grandes fiestas como Pésaj, Rosh Hashaná y Yom Kipur, y los ritos de paso, como el bar mitzvá. La sinagoga es lugar de encuentro, de enseñanza y de apoyo mutuo. Por ser una comunidad pequeña, muchos se conocen por su nombre, y la ayuda a quien llega de fuera o atraviesa una necesidad forma parte de lo que significa pertenecer al grupo.
Los judíos malteses siguen el judaísmo, creyendo en un solo Dios, creador y libertador, que hizo un pacto con Abraham y dio la Torá a Israel. La lectura semanal de los textos sagrados, la oración en hebreo y la observancia del shabat dan forma a la fe. En una comunidad tan pequeña, el nivel de práctica varía: hay familias muy fieles a las tradiciones y otras que viven la identidad judía sobre todo como herencia cultural y familiar.
Ser judío, aquí, es al mismo tiempo religión y pertenencia a un pueblo. Por eso, la fe está ligada a la memoria de las generaciones anteriores, a la lengua de los ritos y al cuidado de preservar lo que sobrevivió a siglos de interrupciones. Para muchos, abandonar esa herencia se sentiría como romper con los antepasados, y cualquier conversación sobre Jesús debe hacerse con gran respeto por esa historia.
El maltés, lengua del día a día de esta comunidad, cuenta con la Biblia completa traducida, lo que pone la Escritura al alcance de quien lee en el idioma de las islas. Sin embargo, en la vida religiosa el hebreo ocupa el lugar central: en él se leen la Torá y las oraciones, y muchos tienen contacto con el texto sagrado sobre todo por medio de la sinagoga. Falta un material pensado para este público, que presente el Nuevo Testamento con sensibilidad hacia quien creció escuchando las Escrituras de Israel.
Un pueblo solo entiende de verdad el evangelio cuando lo escucha en la lengua de su corazón. Vea en qué etapa está la traducción.
Datos de traducción: Joshua Project.
Para el judío maltés, la fe es inseparable de la identidad del pueblo, y hablar de Jesús puede sonar como abandono de la comunidad y de los antepasados. La memoria de siglos en que el cristianismo fue la religión dominante y la expulsión de 1492 dejan una sensibilidad natural ante cualquier llamado a la conversión. A esto se suma el tamaño reducido del grupo: la presión por preservar lo que queda vuelve cautelosa a la comunidad, y hay poquísimos cristianos de origen judío que puedan ser un puente de confianza.
La primera necesidad es la de amistades verdaderas. En una comunidad pequeña y cautelosa, la confianza se construye despacio, y los cristianos malteses tienen la oportunidad de caminar junto a sus vecinos judíos con respeto, sin prisa y sin otro interés que el cuidado mutuo.
También hay necesidad de materiales bíblicos en maltés y en hebreo que presenten a Jesús como el Mesías de las Escrituras de Israel, en lenguaje claro y sensible a la historia judía. Por último, faltan obreros pacientes, conocedores de la cultura y de las fiestas judías, capaces de escuchar antes de hablar. Y quien llegue a creer necesita una comunión acogedora, que le ayude a seguir a Jesús sin romper con su pueblo.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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