Pueblo no alcanzado Frontera
Los cumbalacu, también escritos culambacu, son un pequeño pueblo austronesio de la isla de Sulawesi, en Indonesia. Viven en decenas de aldeas, casi todas en el distrito de Wiwirano, en el sureste de Sulawesi, con una comunidad también en Buleleng, en la región de Morowali, en el centro de la isla. En la mayoría de las aldeas viven pocas familias cumbalacu, pero en una de ellas, Lamonae, el pueblo forma la gran mayoría de los habitantes.
El nombre guarda una memoria: según la tradición local, remite al bambú muy alto plantado para marcar un lugar ligado a la familia real de sus antepasados. Conservan con orgullo el recuerdo de una reina que habría sido hermana de reyes de Ternate, Bungku, Makassar, Bone y Buton, y cuya tumba sigue siendo custodiada.
Hablan una lengua muy cercana al bungku y la transmiten a sus hijos en casa, de modo que todos la dominan desde la infancia. Es un pueblo unido, que valora la paz, el cuidado mutuo y la preservación de lo que es suyo.
La tradición oral de los cumbalacu cuenta que su reina era hermana de los reyes de Ternate, Bungku, Makassar, Bone y Buton. Cuando las familias reales se separaron, habrían enterrado oro en un lugar llamado Tapunoini y plantado allí bambúes muy altos para marcar el sitio. De esa imagen vendría el nombre del pueblo.
Durante mucho tiempo, las aldeas vivieron relativamente aisladas. Buleleng fue en otros tiempos un antiguo puerto marítimo. La apertura de una carretera, en décadas recientes, trajo cambios: personas de fuera comenzaron a establecerse en las aldeas, y en algunas llegaron a ser mayoría, y el contacto con el mundo más amplio creció.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Indonesia No alcanzado
|
100%
|
2.200 |
La vida cumbalacu gira en torno a la comunidad. Cuando alguien enferma, los vecinos pronto se enteran y se movilizan para ayudar, y ante un conflicto con forasteros personas de todas las edades y de ambos sexos se reúnen para responder juntas. Esa solidaridad es una de las marcas más fuertes del pueblo.
En las aldeas conviven también habitantes de otras etnias y religiones, recibidos en paz. Al mismo tiempo, los cumbalacu valoran su autonomía y el deseo de que los dejen en paz para vivir a su manera. En casa, los padres esperan que los hijos hablen la lengua del pueblo, y así es como la identidad pasa de generación en generación.
Los cumbalacu son musulmanes, y el islam forma parte de quiénes son como pueblo. La fe se vive con firmeza: la comunidad no admite que sus miembros sigan otra religión, y pertenecer al pueblo y ser musulmán van juntos en el entendimiento de todos.
Esto convive con una actitud acogedora hacia vecinos de otras tribus y creencias, que viven entre ellos sin hostilidad. El respeto al prójimo y la armonía de la aldea son valores muy apreciados por ellos, y merecen ser reconocidos por quien desea conocerlos. Para ellos, la identidad del pueblo y la fe caminan lado a lado, y cualquier conversación sobre Jesús necesita nacer de una amistad verdadera, hecha con tiempo, escucha y respeto por las costumbres de la aldea.
La lengua de los cumbalacu es muy cercana al bungku, idioma en el que ya se inició un trabajo de traducción de la Biblia. Esto es un punto de partida importante, pero aún no hay noticia de Escrituras preparadas específicamente para el habla del pueblo. Como el idioma se transmite de padre a hijo y se usa en el día a día, los materiales en audio y en la lengua del corazón serían un camino natural para que la Palabra llegue a las familias.
Un pueblo solo entiende de verdad el evangelio cuando lo escucha en la lengua de su corazón. Vea en qué etapa está la traducción.
Datos de traducción: Joshua Project.
Para los cumbalacu, ser del pueblo y ser musulmán son una sola cosa, y la comunidad prohíbe seguir otra fe. A esto se suma el deseo de preservar la vida de la aldea y de que los dejen en paz, lo que dificulta que cualquier persona de fuera sea aceptada. Hasta hace poco el aislamiento geográfico también dificultaba el contacto, y probablemente no hay seguidores de Jesús entre ellos, ni una iglesia cercana en su lengua y su cultura.
La mayor necesidad es conocer a Jesús: probablemente aún no hay quien pueda hablarles de él desde dentro de su propia cultura. Faltan Escrituras y materiales en la lengua del pueblo, y personas dispuestas a vivir entre ellos con paciencia, aprendiendo la lengua y construyendo confianza.
Los cambios traídos por la carretera y por la llegada de forasteros también piden sabiduría, para que el pueblo pueda preservar lo bueno que tiene y, al mismo tiempo, encontrar una esperanza duradera. Cada aldea, incluso la más pequeña, merece ser visitada con cuidado, amistad y paciencia.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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