Pueblo no alcanzado Frontera
Los akto turcomanos son un pequeño pueblo de pastores que vive en el sur de Xinjiang, en el oeste de China, en torno al condado de Akto, al sur de Kashgar. Muchas familias se concentran en dos grandes aldeas, Kosarap y Oytak, donde la vida sigue el ritmo de los rebaños y de las estaciones.
A pesar del nombre, no son turcomanos en el sentido de Asia Central. Oficialmente se cuentan entre los kirguises, pero la lengua que hablan en casa y muchas de sus costumbres están más cerca de las de los uigures. Esa posición entre dos mundos ha moldeado la identidad del grupo: no encajan por completo en ninguno de los dos, y por eso guardan con cuidado la memoria de quiénes son.
Pertenecen a la gran familia de los pueblos túrquicos, y es en esa herencia común de lengua, parentesco y tradiciones donde se reconocen. Son conocidos por su habilidad con las ovejas y las cabras, y sus costumbres y rasgos los distinguen de otros grupos de Xinjiang.
Los propios akto turcomanos cuentan que sus antepasados llegaron hace mucho tiempo desde Samarcanda, ciudad del actual Uzbekistán, y se establecieron en los valles y pastos del sur de Xinjiang. Este relato de origen se transmite de generación en generación y funciona como el hilo que une al grupo, aunque su origen exacto siga siendo incierto.
A lo largo de los siglos, vivieron junto a uigures y kirguises. Con el tiempo adoptaron el uigur como lengua del día a día, y hoy la clasificación oficial los sitúa en la nacionalidad kirguís. Su historia es, así, la de un pueblo pequeño que atravesó los siglos entre dos culturas, manteniendo una identidad propia.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
China No alcanzado
|
100%
|
2.800 |
Tradicionalmente, los akto turcomanos son pastores seminómadas de ovejas y cabras, y la rutina de muchas familias gira en torno a los animales y a los pastos de la montaña. La alimentación se apoya en los productos del rebaño, complementados con repollo, patata y cebolla. La mantequilla suele guardarse en estómagos de animales secos, un método antiguo para conservar el alimento durante mucho tiempo.
Celebran las fiestas tanto de los uigures como de los kirguises, lo que muestra cómo habitan, con naturalidad, dos universos culturales a la vez. La mayoría sabe leer la escritura árabe adaptada que usan los uigures, un puente importante con el mundo letrado que los rodea.
Los akto turcomanos son musulmanes suníes, y el islam forma parte del tejido de la vida familiar: marca el nacimiento, el matrimonio, la muerte y el calendario de las fiestas. Ser del pueblo y ser musulmán son, para la mayoría, una misma cosa, de modo que la fe se recibe junto con el nombre y la familia.
Junto a la práctica islámica, sobreviven rituales heredados de una religiosidad mucho más antigua, ligada al chamanismo, que antecede a la llegada del islam a la región. Hay, por tanto, una fe vivida en capas, en la que se busca amparo frente a los miedos y las incertidumbres del día a día. En ello el pueblo revela una sed genuina de protección y de sentido.
Los akto turcomanos no tienen una traducción bíblica en la variedad propia que hablan. La lengua cotidiana es el uigur, y en ella existen la Biblia completa, el Nuevo Testamento y porciones de las Escrituras, además de materiales en audio y texto en internet. Esto significa que la Palabra de Dios ya existe en una lengua que comprenden, pero el desafío es que llegue de verdad a las aldeas, a quienes tienen poco acceso a libros y a medios digitales. Escuchar en voz alta, en familia, encaja bien con una cultura de pastores y de tradición oral.
Un pueblo solo entiende de verdad el evangelio cuando lo escucha en la lengua de su corazón. Vea en qué etapa está la traducción.
Datos de traducción: Joshua Project.
Para los akto turcomanos, la identidad del pueblo y la fe islámica caminan juntas, de modo que seguir otra fe puede verse como alejarse de la familia y de la comunidad. A esto se suman el aislamiento de las aldeas y de los pastos de montaña, la escasez de materiales y de testimonios cristianos cercanos, y el hecho de ser un pueblo tan pequeño que rara vez se le recuerda. No hay registro de trabajo misionero entre ellos, y sin un primer contacto no hay manera de que nazca la curiosidad.
Los akto turcomanos necesitan, ante todo, a alguien que los conozca por su nombre, aprenda su historia y escuche a sus familias con respeto. Como pueblo pequeño y poco visible, corren el riesgo de ser olvidados incluso por quienes piensan en la región en su conjunto.
Necesitan acceso a las Escrituras de una manera que puedan escuchar y comprender, bienestar para las comunidades de pastores y, sobre todo, una comunidad de fe que nazca en medio de ellos, en su propia cultura, con discipulado y seguridad para afianzarse.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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